LAS PIEDRAS DE AÚREA. Por Mabel Barreto

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LAS PIEDRAS DE AÚREA. Por Mabel Barreto

Conocía a Aúrea hace unos meses, el día del aniversario de la entrega del Informe de la Comisión de la Verdad. Acababa de terminar el acto de recordación de este hecho en “El ojo que llora”. Avanzaba entre las piedras cuando la ví. Estaba de pie y lloraba en silencio mirando una de las piedras que componen el conjunto monumental creado por Lika Mutal.

Foto: Mabel barreto

Cada piedra representa una víctima. No están todas las 69,280 víctimas que estimó la CVR; pero sí los nombres de los casos más conocidos. Al padre de Aúrea lo mataron en Socos (Ayacucho) la noche del 13 al 14 de noviembre de 1983. La matanza de 32 campesinos asesinados por 29 efectivos de la Guardia Civil se hizo conocida, además del número de víctimas, porque es uno de los pocos casos que logró llevarse a la justicia y obtener sentencia: 11 policías fueron condenados.

Aúrea me cuenta que ella era una niña (en 1983 tenía diez años) y que se salvó de morir porque no estaba con sus padres cuando llegaron los guardias.

Hoy revisé el Informe de la Comisión de la Verdad y encontré su nombre entre los 22 niños y adolescentes huérfanos de Socos.

Ella se agacha, toca la piedra con el nombre de su padre, Marcial Quispe Janampa, y le deja un par de claveles blancos. Su padre fue el gobernador de Socos.

Luego se incorpora y dice que le gustaría encontrar también las piedras con los nombres de sus hermanos y su madre.

El Informe CVR relata lo ocurrido la noche que cambió su vida: los habitantes del poblado de Socos celebraban una pedida de mano cuando llegaron los policías. Los campesinos, que habían estado bebiendo licor en la celebración, increparon a los guardias por cosas como el robo de algunos de sus animales. La madre de Aúrea, Saturnina Sulca Noa, los acusó de cometer abusos. Los polícías dispararon al aire, los sacaron de la casa y los hicieron caminar hasta una quebrada.

En el camino, detalla el informe, se cruzaron con los adolescentes Pedro y Natividad Quispe; hijos del gobernador, y los incluyeron en el grupo. Al llegar a la Quebrada de Balcón asesinaron a los 32 disparándoles a quemarropa.

Así fue como Aúrea perdió a sus padres y a dos de sus hermanos.
Ella quiere encontrar también las piedras con los nombres de sus hermanos y su madre. Es la primera vez que viene a “El ojo que llora”.

Siguiendo un orden alfabético, la ayudo a buscar las tres piedras. Encontramos a sus hermanos en el sector que agrupa a las víctimas cuyo apellido empieza con la Q, cerca de la piedra con el nombre de su padre. También les deja claveles.

Pienso que “El ojo que llora” debe ser el único referente físico de la familia que perdió. Leyendo el informe me entero que los cuerpos de las víctimas de Socos fueron hallados en los días siguientes a la masacre. Es probable que estén enterrados allá, en Ayacucho, aunque también es probable que quedaran en la quebrada, cubiertos por las piedras y tierra que dejaron las detonaciones hechas por los policías para cubrir estos cuerpos. ¿Qué sepultura podrían haber dado a sus familiares seis niños huérfanos que estaban luchando por sobrevivir?

La hermana de Aúrea, Herminia, relató a la Comisión de la Verdad cómo vivieron tras lo ocurrido: “Al no retornar mis padres nosotros estuvimos deambulando por el pueblo pidiendo comida a diferentes personas, comíamos sobritas de comida y tampoco pudimos seguir estudiando.. (…)”

Encuentro la piedra con el nombre de la madre que esos niños perdieron, Saturnina Sulca Noa. Aviso a Aúrea. Ella se agacha y acaricia la piedra.

Antes de despedirnos le pregunto si le ha hecho bien conocer “El ojo que llora”. Asiente. Le pregunto si conoce el Lugar de la Memoria. Cuando dice que no, le cuento que es un museo con fotos e información sobre muchas de las tragedias ocurridas en esos años de violencia. Pregunta cómo puede llegar a ese sitio. Le explicó qué carros puede tomar, dónde bajarse.

Luego la veo alejarse, caminando entre las piedras.

SOCOS:
• En 1986 se dictó sentencia judicial en el caso Socos: 11 de los 29 guardias fueron condenados a penas entre 10, 15, 20 y hasta 25 años. La Corte Suprema confirmó la sentencia al año siguiente.
• De los 11 condenados (un teniente, dos sargentos, tres cabos y cinco guardias),10 salieron de la prisión por libertad condicional o semilibertad entre 1989 y 1991. Solo un guardia GC salió cuando cumplió sus diez años de condena.
• Entre 1990 y 1992 cinco guardias fueron repuestos en sus cargos pese a estar inhabilitados durante el tiempo de ejecución de su condena y por cinco años más.

Mabel Barreto, Lima, 10 Diciembre 2016

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