Los superpoderes de Katia Cánepa.Por Milagros Berríos

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Fuente: La República

Esta investigadora peruana es pionera mundial de Beauty Technology, un mecanismo que permite mover objetos, hacer llamadas o enviar señales de alerta con solo parpadear o tocarse el cabello. La MIT Technology Review en español la acaba de reconocer como la Innovadora del Año en el Perú.


Foto: La República

Hace tres años Katia Cánepa Vega mostró por primera vez un superpoder. Era febrero del 2013 cuando la científica de peluca blanca, guantes rojos, traje negro, hizo que un dron vuele con solo guiñar su ojo derecho. Aquella vez el público del TEI Design Challenge, un concurso mundial sobre tecnología y arte interactivo, aplaudía mientras el objeto redondo pasaba sobre sus cabezas.

o “la cliente rara”. Katia solo respondió: “Te estoy preparando para el futuro”.

Katia, de treinta años, era una superheroína, con disfraz y sin nombre ficticio, que había estudiado Ciencias de la Computación. Ese día recibió aplausos, pero también el primer lugar. El concurso pedía proyectos que aumenten las capacidades humanas. Y ella hacía que los objetos leviten.

Parecía un acto de magia. Pero no lo era. Antes de aquella presentación en Barcelona, la peruana que representaba a la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC Río), había ideado un mecanismo tecnológico para sorprender a los asistentes: hackeó el sistema del dron y, en lugar de usar un control remoto, le enviaba órdenes desde un circuito escondido en su peluca blanca. Cuando creía que era el momento de volar, solo daba un guiño. Las pestañas postizas, que habían pasado por un proceso químico, conducían la señal hasta el circuito y este le ordenaba al dron. Ese era el secreto de su superpoder.

Ese mismo año, luego de que la investigadora terminara de dar una conferencia en Río de Janeiro, el excampeón brasileño de jiu jitsu, Felipe de Sousa Esteves, se le acercó para decirle que quería ser un superhéroe. En el 2000, este deportista había perdido el movimiento de los brazos y de las piernas a causa de un accidente en pleno entrenamiento. Felipe, quien entonces estudiaba Administración, se demoraba treinta minutos en cambiar de canal en la televisión. Katia decidió ayudarlo.

Si los ojos están cerrados tres segundos, la televisión se prende. Si se vuelven a cerrar, se apaga. Si se cierra solo uno, cambia de canal. Ese es el mecanismo de Winkyremote, la invención de Katia para facilitar las tareas cotidianas de personas con discapacidad, como Felipe Esteves. Al deportista se le colocó una segunda piel (similar a una prótesis) con pequeños sensores infrarrojos que registraban los movimientos de la cara: levantar una ceja, pestañear, sonreír. Estos dispositivos estaban ubicados en los pliegues de la “piel”; de tal manera que cuando hacía un gesto, los sensores se unían y permitían cerrar el circuito. El excampeón enviaba la orden a la televisión. Después de trece años, podía encenderla y apagarla solo con sus ojos.

Inspirado en mujeres

Katia Cánepa, 33 años, exalumna de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, tiene un posdoctorado del MIT Media Lab (del Instituto de Tecnología de Massachusetts, considerada la mejor universidad del mundo); doctorados de la PUC Río y de la Universidad Baptista de Hong Kong y una maestría de la PUC Río. Habla español, portugués, inglés y chino. Vivió casi una década fuera del Perú porque quería investigar. Aquí no podía hacerlo.

En los últimos años ha dado conferencias académicas y exhibido sus creaciones en Francia, Grecia, Holanda, Hong Kong, Japón, Filipinas, Tailandia, Escocia, Brasil, Estados Unidos. Conoce las oficinas de Yahoo, el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), el Cirque du Soleil. Hace poco vio a Edward Snowden, el extécnico de la CIA acusado de espionaje, a través de una conferencia virtual en el MIT. “Estos personajes son como los rockstars en el mundo tecnológico y el geek”.

Katia recuerda que en Hong Kong las mujeres se colocaban pestañas falsas con absoluta destreza. En Tokio, decoraban sus uñas con cristales y figuras de Hello Kitty. En Londres, usaban largas extensiones de cabello y grandes peinados. Así es como decidió combinar productos de belleza con electrónica para “adquirir un superpoder a través de la tecnología”. La peruana es pionera mundial en esta plataforma.

Katia Cánepa es la creadora del concepto Beauty Technology (Belleza Tecnológica), que forma parte de la tecnología wearable, aquella que incorpora elementos electrónicos en prendas de vestir y en la vida diaria: relojes inteligentes (smartwatches), zapatillas deportivas con GPS, gafas inteligentes. “Me inspiré en la belleza para crear algo que no existía. Los wearables no solo pueden estar en la ropa o accesorios, sino en la superficie del cuerpo”, explica. La joven denominada Beauty Tech Designer (diseñadora de belleza tecnológica) ha convertido el cuerpo en un control remoto.

Por esta iniciativa, la MIT Technology Review en español le acaba de otorgar el premio de “Innovadores menores de 35 años Peru 2016”. Es la única mujer en la cuarta generación de ganadores peruanos que destacaron entre más de 300 candidatos. También se la reconoció como la “Innovadora del Año”. “Su trabajo es razonado y muy avanzado, además de creativo y arriesgado (…) Merece definitivamente una gran distinción”, considera José Carlos Mariátegui, fundador de la ONG Alta Tecnología Andina y miembro del jurado.

Carlos Cánepa, 65 años, padre de Katia, profesor de Ingeniería de Sistemas de San Marcos, dice que el proyecto de su hija terminó siendo una sorpresa. “El camino que yo le hacía transitar estaba más vinculado a la Ingeniería de software, pero de la noche a la mañana apareció con este tipo de tecnología, con un nuevo esquema, una nueva filosofía tecnológica —comenta—. Mi hija ha hecho un buen aporte”.

El año pasado el equipo de Katia observó cómo cinco estudiantes universitarias usaban su cabello. Halló ventajas y un patrón de conducta. “Es un elemento visible, pero personal. Nadie lo está tocando. Es maleable, una herramienta que usamos las mujeres”, dice la investigadora, que ha aprendido química, electrónica, dermatología y maquillaje.

Así es como inició el proyecto Hairware, unas extensiones de cabello que —similares a una pantalla de celular— reconocen el contacto y permiten grabar conversaciones y emitir señales de alerta ante un eventual peligro. (Ver infografía).

Estas extensiones metalizadas cuentan con sensores que envían señales a través de un emisor de Bluetooth en forma de chip colocado en el cabello. “Es el uso consciente de un comportamiento inconsciente”, afirma la investigadora, quien trabajará como docente de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (UTEC).

Esfuerzo sin precio

El proyecto Beauty Technology incluye sombras de ojos metalizadas, uñas con tecnología RFID (Identificación por Radiofrecuencia) y maquillaje conductor de señales. Ninguno se vende. Todos pueden ser usados de manera gratuita. “Para mí, el conocimiento tiene que ser libre. Yo publico paso a paso cómo he desarrollado el proyecto. Cualquiera puede coger la tecnología”, advierte.

En Londres, los usuarios utilizan las uñas creadas con el concepto de Cánepa para pagar el pasaje en el Metro.

Estos proyectos han aparecido en CNN, New Scientist, Wired, ABC. Muchos creen que la creadora es brasileña. “Mi proyecto es más conocido afuera que en el Perú”, dice.

Sin embargo, Katia también ha desarrollado propuestas en el país. En AquaDjing (2014), la DJ Maribel Tafur reproducía pistas tocando el agua. Kinisi (2015) es un videoarte que combina la tecnología, el arte visual y el maquillaje. “Me he relacionado con un arte tecnológico que puede aplicarse en el cuerpo. Para mí ha sido gratificante conocer cómo la tecnología ayuda a personas que no pueden movilizarse. En mi rama, me permite crear nuevos personajes”, comenta la artista en maquillaje Carla Anciburo (Larca Meicap).

Katia Cánepa prueba todo lo que crea. En la ciudad china Shenzhen colocó chips e imagenes a sus uñas acrílicas. Durante un mes podía sentir campos magnéticos, coger aretes y atraer algunos metales. Era un X-men en menor escala. También abría las cerraduras de las puertas eléctricas y pagaba los pasaje en el Metro.

En el salón de belleza donde se colocó estos chips, la mujer que la atendió la bautizó com

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