Poner orden en la mente. Escribe: Jorge Bruce

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Fuente: La República

La frase que da título a esta nota proviene de los últimos “Diálogos de Fe” del cardenal Cipriani en RPP. Pero podría atribuirse igualmente al proyecto del congresista Lescano de censurar la pornografía en internet. Mientras que el obispo alude a lo que los sectores más conservadores del país llaman “ideología de género”, el parlamentario ha lanzado, como se sabe, un proyecto de ley para cuidar la salud mental de los niños. No hace falta que se hayan concertado. Estas y otras iniciativas, son intentos de sesperados de recuperar un control sobre el deseo y los fantasmas de la gente, vía el chantaje del cuidado de los niños.

Los sectores retrógrados saben azuzar el espantajo del libertinaje.

Pero a lo que le temen como los vampiros (por lo menos los de antes) al agua bendita, es a la libertad y a los derechos de todos por igual. En otras palabras, si un cura abusa de los niños a su cargo, la iglesia católica lo encubrirá hasta donde se pueda. Del mismo modo que si un congresista delinque, se nombrará una comisión que lo exculpe. A menos, claro, que convenga castigarlo por no pertenecer al grupo dominante.

La moral, como dice Cipriani sin darse cuenta, es el instrumento de manipulación tradicional de mentes y cuerpos. El hecho de que cada vez más peruanos sean renuentes a dejarse dominar por sus prédicas inquisitoriales, lo solivianta. Por eso en sus intervenciones, como en la recientemente citada, se muestra cada vez más procaz y exaltado: no se puede dar caca o veneno a un niño, dice. Sin percatarse de que eso es precisamente lo que está haciendo en ese preciso instante, en su afán por agarrar las riendas de ese caballo que se le está desbocando.

Por eso insiste, una y otra vez, en que eso es lo que piensa una mayoría de peruanos. Lo mismo cree Lescano: los subdesarrollados mentales somos más. Tenemos que recurrir a esa masa acrítica y someterla vía la culpa y la amenaza del castigo eterno: el infierno tan temido. Olvidando, o no queriendo recordar más bien, que ese infierno es el que viven todas las personas que están excluidas de sus rígidas concepciones de lo que está permitido.

Así, un integrante de los grupos LGTBIQ puede ser golpeado por besarse frente a la catedral, como lo recuerda Verónica Ferrari en la entrevista que le hace Gabriela Wiener en el suplemento Domingo de La República (pese a lo cual lo sigue haciendo todos los años).

Contrariamente a lo que pretenden grupos como los que integran Cipriani o Lescano, de lo que se trata no es de poner orden en la mente. Esa es, dicho sea de paso, la base de toda ideología, sea de izquierda o de derecha. Más bien de crear las condiciones para el respeto del otro y su libertad de pensar por su cuenta. Para cualquier duda al respecto, siempre estará la ley. Por eso hay que cuidarla de iniciativas destinadas a “poner orden en las mentes”.

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