Los asedios críticos de hoy en día: Deir Ezzor, Wadi Barada, Fua y Kefarya. Por Diego Sequera

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Fuente: Misión Verdad

El este de Alepo no fue antes, durante, ni después de su desenlace, el único asedio en curso dentro del agotado y movido mapa de la guerra contra Siria. La obscena razón por la que el silencio es igual de estridente que la histeria general respecto a Alepo es exactamente la misma, pero en dirección contraria: lo estratégico es silenciar su existencia por los mismos motivos tácticos que hicieron necesario el fallido cerco informativo para empañar la liberación de la ciudad, o, si se quiere, la victoria más importante (hasta ahora) del gobierno sirio y el Arco de Seguridad. O la más sonora derrota (hasta ahora) del bloque contrario.

Donde hayan ciudades habrán situaciones de sitio o asedio. Ha sido un patrón y un escenario de guerra habitual cuando alcanza cierta escala a lo largo de la historia. Pero no porque una máxima válida de la guerra de posiciones de esta naturaleza exista, quiera decir que sean iguales. Sobre todo, en lo que hemos visto en el marco de la guerra transnacional contra Siria.

Los grupos afiliados a al-Qaeda bajo cualquiera de sus presentaciones, el Estado Islámico/Daesh, los kurdos, o el ejército sirio y sus aliados, todos, han sitiado ciudades de mayor o menor tamaño, sectores residenciales o industriales dentro de ellas, concentraciones de menor escala y campos de refugiados palestinos.

Pero también han existido diferencias radicales en los modos de aproximarse al objetivo último del cerco (conquistar o liberar), en la relación con la población civil (en su destino, su suerte y/o su protección), en las secuelas que vendrían a continuación. El cuadro humanitario que se genere, siempre crítico, estará sometido a la dinámica que devenga entre los actores en juego.

El factor diferencial, tal vez, sea la voluntad política entre las partes enfrentadas, sobre todo por el valor que se le dé a la idea de proteger y liberar a la población asediada, evitando en teoría que ella pase por lo peor. A lo mejor y ese sea el relato base.

Sólo que en lo que podemos ver desde acá desde la distancia del contexto sirio, la garantía del desenlace (mejor o peor), según el caso, es patente. Campañas y operaciones informativas aparte, existen claros ejemplos de cuál podría ser el final tanto de quien sea derrotado militarmente como del destino de la población civil.

Para eso está el beneficio de la retrospectiva con algunos ejemplos. Al-Hama, en la provincia de Damasco, es uno: la misma población comenzó a armar protestas contra los “defensores” de la ciudad, asediadas por el ejército (también ocurrió en el este de Alepo).

Los “rebeldes” deciden rendirse, comienzan las negociaciones políticas, el sitio termina con la evacuación de las tropas asediadas y la ciudad pasa a control del gobierno. Los civiles reconquistan su rutina previa a la ocupación.

Frente a eso: la primera caída de Palmira, en 2015, con toda la pulsión genocida que entrañó, describe casi exactamente el proceso contrario: ejecuciones públicas, persecusión de la población, saqueos y culturicidio.

Lo cierto es que, de todas las demás situaciones de sitio en curso (como por ejemplo en la Guta oriental), aquí reseñamos tres de ellas críticas en términos tanto militares como humanitarios que, como se dijo al principio, están encubiertas por los medios y “activistas” habituales, puesto que las respectivas gravedades contravienen por completo las premisas de su relato.

Deir Ezzor (capital de la provincia homónima), Wadi Barada (a pocos kilómetros de Damasco, la capital) y las pequeñas ciudades de Fua y Kefraya (en Idlib) tal vez sean las situaciones más urgentes y apremiantes, cada una por sus propias razones.

Deir Ezzor en el ojo del huracán

La capital de la provincia oriental, mayoritariamente desértica, frontera con Irak, ha estado cercada por todos los costados por el Estado Islámico desde diciembre de 2014 (aquí un buen resumen de la situación, en el pasado y el presente, que da idea de lo crítico de la situación).

En los términos de la resistencia, representaría un oasis dentro de ese desierto (rico en yacimientos gasíferos y petroleros). Valga el tuit (más lo que dice) con el mapa para hacerse la idea:

No sé cómo acabará la resistencia del Ejército Sirio al ISIS en , pero va camino de legendaria.

Todo lo que se encuentre coloreado de gris oscuro, actualizaciones más o menos, es el territorio que controla el Daesh en Siria (en su mayoría de bajísima densidad poblacional). Desde finales de 2014, la 104 Brigada de la Guardia Republicana ha evitado su caída, frenando la potencial masacre que podría producirse en una ciudad con miles de soldados y más de 120 mil civiles bajo su protección.

Controlando la base aérea, precariamente, había sido capaz de reabastecerse hasta ahora y evitar que fuera aún más delicada la situación. Anunciándose desde el 13 de enero, el Estado Islámico ha lanzado cuatro oleadas de ataques, logrando dividir la comunicación entre la ciudad propiamente y las bases aérea y militar, creando ahora dos cercos y cortando la línea de suministro, como lo describe este mapa realizado por Peto Lucem:

NEW MAP update: has captured Jiraiya from and separated the airbase from city and 137th Brigade Base area.

Si se le sigue el camino al actual estado de las cosas en Deir Ezzor, automáticamente (y en línea recta) llegamos al 17 de septiembre de 2016. Porque todos los malditos caminos de esta clase de desastre conducen a los Estados Unidos.

El 17 de septiembre, las fuerzas aéreas de la “coalición” liderada por Estados Unidos bombardearon posiciones del ejército sirio, que para ese momento defendía unas columnas estratégicas que rodean a la asediada ciudad, y a su base aérea.

Ese episodio (comentado en esta serie, tal vez con exceso de optimismo), se cargó con la vida de una centena de soldados, y fue pensado políticamente por el Pentágono: era el mensaje que le mandaba al Departamento de Estado manifestando su oposición al intento de acuerdo y cese al fuego previo a la liberación de Alepo entre Estados Unidos y Rusia. Ese fue el primer golpe que dio el viraje de hoy en día.

Luego de eso, continuaron los “accidentes” contra la infraestructura en la zona, complicando aún más el reabastecimiento de por sí complejo. Luego, como se resume con precisión aguda en el último análisis de Moon of Alabama, la fuerza aérea estadounidense atacó la planta eléctrica del campo petrolífero de Omar, afectando directamente el funcionamiento de la ciudad.

Y, finalmente, el Daesh fue movilizando efectivos y armamento desde Irak, replegándose de las victorias militares iraquíes en la provincia de Anbar y la ofensiva de Mosul, bajo la mirada (literalmente) pasiva de la fuerza aérea de la “coalición” dirigida por Estados Unidos, que desde el comienzo de las operaciones en Mosul promovía un asedio que dejaba abierto el flanco occidental de la ciudad, permitiendo la retirada hacia las fronteras sirias del Daesh. Lo que ocurre en Deir Ezzor es resultado directo de eso.

El Estado Islámico logró reunir una fuerza de 14 mil hombres con experiencia de guerra que hoy en día huyen de un campo de batalla, para rebasar otro y reagruparse. Es un dato implícito que los cielos en la Siria oriental los controlan los gringos. Y que apoyan a las milicias kurdas en la batalla de Raqqa, más al norte y “capital” del “califato” del Daesh.

El gobierno iraquí movilizó a las Unidades de Movilización Popular (la milicia más eficaz y mejor organizada) para contener esa fuga; sin embargo, no fue suficiente.

Un informe de 2012, divulgado con cierta amplitud, de la Agencia de Inteligencia de la Defensa (la DIA, por sus siglas en inglés) coloca a Deir Ezzor como una de las posibles ciudades en la que se pudiera instalar “un principado salafista” (una ciudad controlada por los yijadistas) como centro dinámico de un proceso de balcanización del territorio. Y a falta de Alepo…

Desde esa perspectiva geopolítica, se acentúa el carácter crítico de lo local en su proyección global, una vez más. Estas son las operaciones (con participación “indirecta”, subraye y acentúe comillas, de los Estados Unidos) que buscan compensar la derrota estratégica producto de la liberación de Alepo.

Al momento de cerrar esta nota (17:00, hora Caracas del 17 de enero), el ejército sirio se prepara para la contraofensiva, luego de que la fuerza aérea rusa bombardeara hasta agotar a las posiciones del Estado Islámico.

El corresponsal de guerra y jefe de internacionales del medio Al Rai (Kuwait) y una de las voces más calificadas sobre Siria e Irak, Elijah Magnier, sostiene que es difícil que Deir Ezzor llegue a caer en esta oportunidad. Así sea, nada le resta peligro a la situación.

Mucho menos, otra vez más, el carácter trágico (y por lo tanto heroico) de los soldados y civiles que defienden Deir Ezzor, bajo el mando del no menos épico general Issam Zahredinne.

Wadi Barada: el derecho al agua y crimen de guerra

El río Barada, corazón de lo que se conoce como el valle del mismo nombre, nace de esas montañas. El río Barada riega y provee de agua gran parte de lo que oficialmente en español llaman la Gobernación de la Campiña de Damasco (el Rif Dimasq).

El Barada también es la principal fuente de abastecimiento (70%) de 5-6 millones de personas que viven en la ciudad de Damasco y sus alrededores. Wadi Barada, el valle del Barada, al oeste de la capital, desde 2012 está bajo control “rebelde”, es decir, la última palabra ahí la tiene al-Qaeda.

Al-Qaeda y compañía, después de Alepo liberada, contaminó con diesel la fuente de distribución de los manantiales del poblado de Ain al-Fijah el 22 de diciembre, privando desde entonces el acceso al agua a los millones de habitantes de Damasco (capital y provincia). Luego voló con explosivos parte de la planta el 27 del mismo mes. Todavía al día de hoy, 17 de enero, persiste la emergencia de millones de personas sin acceso directo a agua potable.

Antes de la liberación de Alepo, la -digamos- facción no-al-Qaeda en la zona se encontraba en proceso de reconciliación con el gobierno. La planta, a pesar de estar bajo control “rebelde”-yijadista, vivía bajo una suerte de “pacto de no agresión” que permitía que escuadras de mantenimiento pudieran acceder a la estación de bombeo, hasta ese día.

Esto obligó al ejército sirio a retomar operaciones para recuperar militarmente los enclaves en el valle, en particular Ain al-Fijah. En algunos sectores también opera Hezbolá (la cordillera hace frontera con Líbano). De igual manera, ocurrían negociaciones entre las partes: salvoconducto para los “rebeldes” siendo trasladados a Idlib y devolución del territorio al gobierno.

A lo largo de estas semanas, la táctica del gobierno parecía consistir en que en la medida en que se avanzaba, se negociaba. En una primera etapa, el frente “activista-mediático” intentó repetir el mismo “tipo” de campaña que en Alepo, abultando la cifra de civiles, mientras se alerta del “peligro” de los avances del ejército y los aliados, incluyendo la presencia de los “Cascos Blancos”.

Incluso, estos últimos, llegaron a firmar, junto a las demás formaciones armadas (incluyendo al-Qaeda y Ahrar al-Sham) una carta negociando el fin del asedio a cambio de acceder de nuevo a la planta y la fuente.

La población huía, cierto, pero a las zonas controladas por el gobierno.

El tratamiento, cuando no el silencio absoluto, por parte de los principales medios occidentales fue absolutamente lateral. La campaña 2.0 fue un fracaso y la mediocracia optó por el silencio y la omisión. Para los medios habituales, las 6 millones de personas en Damasco no valen los 20 mil (y no 200 mil, como se dijo) que habían al este de Alepo. Pasó de moda.

La acentuación de la crisis avanzó, de igual forma que el ejército, y por lo tanto, nuevas negociaciones. Para el 7 de enero, se anunció una nueva ronda de conversaciones en el marco del cese al fuego planteado en la reunion tripartita Rusia-Irán-Turquía. El 11, un acuerdo temporal.

Pero el 14 de enero, cerrando el proceso, el general retirado Ahmad Ghadban, interlocutor reconocido por las partes (oriundo de Ain al-Fijah) es asesinadomientras cruzaba hacia el lado del ejército sirio, por un francotirador. La responsabildad cayó directamente en Jabath Fateh al-Sham (aka al-Qaeda en Siria, aka ex Frente al-Nusra), lo que suspendió definitivamente el proceso de negociación.

En este punto, la Brigada 42 y la 4ta División Blindada del ejército cierran aún más el cerco, anunciando la cercanía de la victoria militar, y por lo tanto, el fin del bloqueo de acceso al agua para 6 millones de almas.

Que no ha sido lo único, puesto que en el mismo marco temporal de igual modo fue atacado el suministro de gas y también de gasolina, en lo que constituye por un lado una serie de acciones punitivas (también han ocurrido en Homs y Alepo), una retaliación directa contra la población civil por la derrota yijadista de Alepo, un crimen de guerra reconocido hasta por la tímida ONU (el 29 de diciembre y repetido el 6 de enero), una guerra contra la infraestructura de los servicios básicos, y, amén de la presencia de “Cascos Blancos”, una operación que no le es ajena a Estados Unidos, Francia o Inglaterra.

Y de paso el crimen de guerra mediático, con un silencio tan estruendoso como el ruido intoxicante cuando Alepo fue liberada.

El (silenciado) martirio de Fua y Kefarya

De todas las situaciones verdaderamente humanitarias en este momento en Siria, la de estas dos poblaciones mencionadas en el título, al noreste de la provincia de Idlib, tal vez sean las más apremiantes. La totalidad de la provincia cayó en manos de Jaish al-Fateh (el Ejército de la Conquista) a finales de marzo de 2015.

Fue la consagración de un centro de operaciones coordinado por y desde Turquía (y/o Jordania), financiado por Arabia Saudita, aglutinando a todas las formaciones yijadistas y a las facciones menores que conforman al “Ejército Libre Sirio”.

La dirección implícita la llevaba, en ese momento, el Frente Al-Nusra (Jabat Fateh al-Sham, al-Qaeda en Siria) y gran parte del peso militar también recaía en Ahrar al-Sham, “el Talibán sirio”, como se les conoce, apoyado por Estados Unidos y Turquía: la entidad yijadista con mayor número de combatientes en Siria.

Desde antes de la caída, Fua y Kefarya, dos poblaciones que no sumaban más de 15 mil habitantes, ya venían padeciendo un asedio que se volvió crítico a partir de la caída de la provincia. No obstante tener una significativa población chiíta, el retrato de Fua y Kefarya sobre líneas sectarias (enfrentamiento suní-chií) es una magnificación de los medios pro-“rebeldes” basado en “informaciones” suministradas por los mismos comandantes yijadistas.

Y siendo eso no menos cierto, y por lo tanto una preocupación significativa para Hezbolá e Irán, el constructo en sí mismo, según la cobertura de las periodistas Eva Bartlett y Vanessa Beeley, respectivamente, es impreciso. Las dos poblaciones, según testimonios recogidos por Bartlett, se convirtieron en refugio también para suníes y laicos pro-gobierno que huían de Binnish o la ciudad de Idlib.

Lo que hizo que los dos poblados atestiguaran el aumento de la población a alrededor de 40 mil habitantes a partir de desplazados internos. Incluyendo ancianos, mujeres y niños, bajo constante bombardeo (de todo tipo) y acoso de francotiradores y ráfagas. Sin luz, muy poco alimento y combustible, la situación humanitaria se agrava.

“No hay iraníes o de otro tipo entre los defensores de Fua, pero sus atacantes provienen de todas partes del planeta”, le declaró una periodista que trabaja directamente con fuentes de Idlib a Bartlet en 2015. Otro hablante sostiene que antes de “la primavera” de 2011, no existían conflictos a partir de la confesión religiosa (o la falta de), y que eso se impuso con la llegada de las entidades yijadistas.

Ambos pueblos han sido objeto de negociaciones, primero entre Hezbolá y Ahrar al-Sham (negociando el sitio de Zabadani, también en Wadi Badara, pero habitado por los milicianos y sus familias) luego entre el gobierno y, Turquía mediante, con los grupos en la provincia, en el marco de las negociaciones por la evacuación de los últimos rebeldes al este de Alepo.

En esa oportunidad reciente, es de recordar, la evacuación desde ambas poblaciones de 750 civiles convalescientes y heridos, fue saboteado, agriando aún más el proceso. Mientras que Irán presionaba por una evacuación completa (que se replicaría en Zabadani), Rusia presionó por un desalojo más rápido y efectivo, prevaleciendo esta última posición, toda vez que la negociación se hizo aún más dificultosa, conforme avanzaba el tiempo.

Un informe del Centro de Comunicaciones del ala Militar de Hezbolá reseñaba en diciembre que ambos bastiones no habían caído por el trabajo defensivo y organizativo de los comités locales (la presencia de Hezbolá dentro de Fua y Kefarya, se dice, se limita a asesores militares).

E igual que Bartlett, Beeley, Al-Masdar y cualquiera de los medios que cubren con seriedad la situación, el informe denuncia la poca ayuda humanitaria que ha logrado ingresar, toda vez que la mudez de los grupos “de defensa de los derechos humanos”, los activistas 2.0 o los presuntos Cascos Blancos están totalmente ausentes. Condensando el silencio pesado y denso.

La agencia estatal Sana reportó nuevos bombardeos el 9 de enero. Al-Masdar, por su lado, reseñó recientes incursiones rusas que bombardean los principales focos de ataque contra las poblaciones asediadas, a modo de mensaje y contención de los ataques, el 14 de este mes.

Todavía no escucharás nada sobre Fua y Kefarya en la cobertura del corretaje mediocrático occidental. En diciembre, y replicando el modelo empleado por los mismos “activistas” pro-rebeldes en Alepo, fue creada una cuenta en Twitter llamada “Stories of Fua and Kefarya“, que desde entonces publica y documenta lo alarmante y precario de la situación, de sus víctimas civiles.

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Malnutrition is spreading throughout and the people are starving as US funded rebels continue to besiege the town.

Existen otros procesos con esta misma impronta en otras zonas de la exhausta cartografía de la guerra contra Siria. Pero estas tres que pesan más por el silencio que les imponen, son las más urgentes, independientemente de la naturaleza de sus respectivos desenlaces: Deir Ezzor en peligro inminente, Wadi Barada con buen pronóstico y Fua y Kefarya, en total incertidumbre, por ahora.

Son nombres que concentran muchos nombres. Recuérdalos.

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