Todorov: la muerte de un humanista clave. Por Por Daniel Muchnik

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Fuente: Infobae

El intelectual búlgaro exaltaba el conocimiento y el compromiso con el presente y sus diferentes problemáticas.

Se murió un gran maestro, uno de mis mejores maestros, quien escapó del régimen comunista en Bulgaria, una experiencia traumática en su vida, a los 22 años, y se hizo ciudadano francés en 1973, después de transitar por sus mejores universidades, donde después sería docente.  

Uno de los principales objetivos fue, precisamente, abrir ese absceso que llevaba en el alma y describir un régimen político totalitario, sus dilemas, sus obsesiones, las persecuciones, las cárceles, la tortura, los campos de concentración, la pavura de sus víctimas (el Gulag tanto como Auschwitz y Buchenwald o Bergen-Belsen).

Murió a los 77 años (había nacido en 1939, en el inicio de la Segunda Guerra Mundial) de una enfermedad neurovegetativa, un cuadro de amplio espectro como el que se llevó al brillante politólogo británico Tony Judt, a Roberto Fontanarrosa y al escritorazo Ricardo Piglia.

Antes que todo, Tzvetan Todorov fue un humanista, un hombre que abarcó innumerables disciplinas (la poética, la retórica, la lingüística, el análisis de la literatura fantástica, la filosofía y en los últimos veinte años, la historia). Dos libros sobresalen en el proceso de indagación de los extremos: La experiencia totalitaria (tuvo muy en cuenta al famoso Isaiah Berlin) y Frente al límite; allí desmenuzó la experiencia humana en situaciones desbordantes donde es encajonada como víctima y perseguida como tal.

Se interesó por el nuevo continente. De allí su Conquista de América. Brilló en el conocimiento de la pintura y el valor del rostro humano desde el Renacimiento hasta nuestros días en Elogio del individuo, un ensayo sobre la pintura flamenca en el siglo XVI.

Habiéndose recibido como doctor en Psicología en medio de la batahola de las luchas estudiantiles en 1966 en París, no se quedó estancando en la materia y tradujo a los formalistas rusos como semiólogo y firmó libros sobre el tema. En los últimos tiempos tampoco se quedó al margen de los grandes fenómenos de la actualidad como la inmigración de los “bárbaros” en el continente europeo, o la complejidad de dialogar y entenderse con el otro, con el diferente, con el que no es como uno.

Todorov no entró en las polémicas sobre el modernismo y el posestructuralismo como lo habían hecho Michel Foucault o Jacques Derrida, tampoco compitió con los nuevos filósofos franceses como André Glucksmann y otros. Hizo su trabajo de investigación solo, atrevido, indagador, sin narcisismos. Pero no renegó su condición de discípulo de Roland Barthes, a quien tuvo como docente en sus primeros años en París.

Le encantó describir el proceso de la Ilustración, su filosofía y los autores que integraron aquel movimiento previo a la Revolución francesa. Se interesó por Montaigne, Voltaire, Jean-Jacques Rousseau y muchos más. Y tradujo el sentido de la pintura flamenca y la española (la de Francisco Goya, por ejemplo).

Si algo exaltaba Todorov eran sus héroes, a los que no se sometieron frente a ningún poder en la historia del siglo XX. Una de sus figuras predilectas, a quien trató y a quien quiso, fue a la etnóloga francesa Germaine Tillion. Germaine participó de la resistencia francesa frente a los nazis, fue apresada, pasó un largo tiempo en campos de concentración, donde perdió a su madre y volvió al trabajo, al terminar la guerra, en 1945 al Museo del Hombre, donde había brillado.

Tillion se especializó entonces en grupos étnicos en el norte del África, especialmente en Argelia. Allí denunció que ex compañeros suyos en la resistencia, que lucharon denodadamente contra el ocupante y fueron apresados por la Gestapo y torturados se incorporaron a las filas del Ejército francés y aplicaron los mismos métodos de tortura de los nazis en Argelia, donde se luchaba por la independencia del país, para salir de su condición de colonia.

Todorov y el sociólogo Zygmunt Bauman, recientemente fallecido, constituyeron un binomio que exaltaba el conocimiento y el compromiso con el presente y sus diferentes problemáticas. Así como atacó a los totalitarismos también se opuso Todorov a la globalización económica sin límites ni metas.

Autor de El hombre desplazado, El miedo a los bárbaros, entre tantos, recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008. A su muerte, dirigía, desde 1987, el Centro de Investigaciones sobre las Artes y el Lenguaje del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Francia.

En 2010, Todorov visitó Buenos Aires, donde ofreció una conferencia y lo invitaron a visitar varios lugares vinculados con la historia reciente de la Argentina. Estuvo en la ex Escuela Superior de Mecánica  de la Armada (ESMA) y también en el Parque de la Memoria, “donde se ha erigido una larga estela destinada a portar los nombres de todas las víctimas de la represión (unas diez mil, por ahora). La estela representa una enorme herida que nunca se cierra”, escribió. En una famosa nota publicada en el diario español El País, agregó: “En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió”. A renglón seguido observó que estaban olvidadas las víctimas de los montoneros y otros grupos de extrema izquierda “y no estoy sugiriendo que la violencia de la guerrilla sea equiparable a la de la dictadura”.

En aquella nota insistió: “La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad. Por eso puede ser utilizado por cualquiera de los grupos como un medio para adquirir o reformas una posición política”.

Con Todorov ha muerto un humanista clave. Precisamente en tiempos en los cuales muchos hablan del fin del humanismo, del hombre sabio interesado por todas las cuestiones de este mundo y el papel del hombre en cada rincón del planeta.

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