Claudia Cisneros escribe sobre el Manifiesto Zuckerberg

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Fuente: N+1 org

Un mensaje a la nación Facebook de su presidente, Mark Zuckerberg

Mark Zuckerberg ha publicado un extenso artículo que ya muchos llaman El Manifiesto de Facebook. Se trata de una declaración de las intenciones y planes de Facebook para los próximos años. Pero no es un documento que exude corporativismo (como su primer Manifiesto, 2012), sino que es más bien un texto que invita a una reflexión política y ética de cómo ha de gobernar(se) Facebook en un momento de cambios de uso de la red misma, y de cambios políticos en el país del que es ciudadano su dueño. Precisamente, el hecho de que el mensaje se aleje del tradicional plan empresarial para darle un tono más político ha despertado el debate crítico.

Algunos expertos en tecnología y analistas lo han llamado “utópico”. Otros se han burlado de las pretensiones de “Jesucristo del internet” de Zuckerberg o de lo que han calificado como un artículo escrito con la inocencia de un universitario. Desde el periodismo lo acusan de ser poco autocrítico con respecto al papel de FB en el problema de las noticias falsas y tendenciosas (que permitieron en parte, por ejemplo, el triunfo de Trump). Pero también hay quienes han rescatado aspectos positivos del mensaje, como su preocupación social, global y cívica; así como su afán por enarbolar de ciertos valores democráticos, de derechos y libertades.

En cualquier caso, Facebook agrupa a una cuarta parte de la población mundial, tiene más de 1.800 millones de usuarios (más que toda la población de China y EE.UU junta) y lo que el dueño de esa infraestructura anuncie como plan social y político en los próximos años es algo que interesa y afecta a mucha gente, y puede tener implicancias más profundas y complejas de las notorias a primera vista.

El Manifiesto está escrito en un lenguaje muy sencillo y de forma amigable y ordenada. Lleva como título paraguas: “Construyendo Comunidad Global”. Mark justifica desde el inicio del artículo la necesidad de crear “infraestructuras sociales” desde Facebook que colaboren a enfrentar los problemas y retos del mundo contemporáneo en cualquier parte del planeta como la pobreza, la paz, la seguridad, el acceso a la información, entre otros. Un ejemplo de ello es el ofrecimiento suyo de que Facebook sirva como plataforma para la votación de autoridades políticas o los sistemas de alerta temprana de emergencias, así como de respuesta ante desastres o de recolección de fondos para causas benéficas, entre otras aplicaciones que ya funcionan dentro de Facebook.

Zuckerberg destaca desde el inicio la relevancia de la globalización (de la que es parte Facebook) como un fenómeno que abre posibilidades pero también genera grandes retos. Incluso recoge el dilema planteado por algunos detractores de la globalización: de si es un fenómeno que debe seguir impulsándose o si la humanidad debería darle marcha atrás. Según Zuckerberg, los retos de la globalización no han logrado ser enfrentados eficazmente por los estados. No queda claro si se refiere a la pérdida de poder de los estado-nación frente a los poderes económicos transnacionales (uno de ellos, irónicamente es Facebook). Pero sí explicita que hay una paulatina desinstitucionalización en el mundo y Mark quiere ubicar a Facebook como un agente de cambio que puede asistir a los estados a completar lo que ellos y las instituciones cada vez más débiles no han podido hacer. Propone a Facebook como una de esas instituciones o “estructura social” virtual con impacto político y social.

Así es como se entiende que el texto esté organizado en 5 grandes temas referidos a la “infraestructura social para la comunidad global”: comunidad, seguridad, información, civismo e inclusión. El tema de la información es quizás el más sensible por varias razones: la información es el negocio actual de Facebook, es junto con los datos personales probablemente lo que más ingresos le genera. Sin los filtros y mediaciones naturales a un medio de comunicación, Facebook ha fallado en su capacidad para discernir entre información verdadera y falsa. Y sin embargo, hasta ahora ha capitalizado para sí buena parte de los ingresos por publicidad que antes eran de las plataformas mediáticas. Si Facebook pierde prestigio como medio de diseminación de informaciones (por las “fake news”/falsas noticias) que no puede o quiere controlar, podría perder mercado. Quizás por eso en el tema de la información, Zuckerberg es muy poco autocrítico. Habla de errores y propósitos de enmienda pero no se refiere a ningún evento o situación en particular.


Facebook.

Y si bien Zuckerberg resalta la importancia de difundir información filtrada por un análisis, no menciona la necesidad de contar con periodistas para hacer ese trabajo desde su plataforma. Lo que sí queda claro es que confía parte importante del trabajo de discernimiento a la inteligencia artificial. A lo que también se refiere es a la necesidad de mejorar y ampliar el modelo de negocios sobre el que se sustentan las organizaciones noticiosas, propone “desarrollar noticias locales” (no explica quién las desarrollará) y se refiere a la necesidad de crear mejores formatos de noticias para los teléfonos móviles. Quizás tenga en mente algún modelo asociativo con las organizaciones de noticias.

En su artículo, Zuckerberg también hace un recuento de la transformación de Facebook, desde sus orígenes como red de conexión familiar y amical, a una plataforma de uso político e ideológico. Y acusa recibo tácito de la responsabilidad que se le atribuye por las fake news y por no ponerle freno a la desinformación. Parece haber entendido que las reglas con las que Facebook ha funcionado hasta ahora no son suficientes para evitar ese tipo de estropicios y por tanto se ve en la necesidad de formular ajustes y nuevas regulaciones. Regulaciones que no pretende ejercer unilateral y verticalmente, sino que ofrece a los usuarios la garantía de una cierta autonomía para elegir nuestras configuraciones, opciones y umbrales en temas controvertidos.

Propone también una autonomía de las comunidades virtuales, de manera que puedan plantear los límites de los contenidos que quieren ver, de manera consensuada y en función de los valores que rigen sus culturas, sub-culturas e idiosincrasias. En ese sentido, Zuckerberg se adscribe a la causa del liberalismo político (por contraste con el liberalismo económico, centrado en el libre mercado al margen de cualquier instancia regulatoria), que reconoce en parte la diversidad cultural del mundo y su proyección en Facebook, y por ende la necesidad (o inconveniencia corporativa) de no imponer un único conjunto de valores como universales aplicable a todos. Sin embargo, no se puede pasar por alto que hay una ética de base que es dictada y supuesta por Facebook, que se traduce en la forma en que se regulan los contenidos. Y que Zuckerberg defiende los valores que su cultura le manda y que él considera universales, tales como la libertad, la globalización, la inclusión, la autonomía y la ciencia occidental. Como buen liberal político progresista, Zuckerberg también considera que todos estos valores son factores de desarrollo e integración del mundo.

Y aunque es notorio el esfuerzo de reconocimiento del multiculturalismo en su discurso, no es un concepto que se encuentre transversal en todo su artículo. Así como tampoco hay que perder de vista que pese a sus declaraciones de una autonomía del usuario, como sabemos Facebook funciona con algoritmos de selección de contenidos que priorizan lo que aparece en nuestros muros en función no solo de nuestros usos sino de los mayores réditos económicos de su empresa. En cualquier caso, es preferible un presidente que introduce el paradigma del bien común a contracorriente del paradigma del individualismo actual, y que además hace patente la necesidad de una ética que no está dispuesta a relativizar los relatos como “hechos alternativos” bajo una falsa bandera de libertad de opinión o información.

Finalmente podemos decir que en este “mensaje a la nación Facebook”, su presidente Mark Zuckerberg reivindica aquello que es fundamento de nuestras vidas tanto como de su negocio: los vínculos sociales para la convivencia. Vínculos que requieren ser regulados para mantener su salud social y empresarial. Zuckerberg nos anticipa y busca justificar el nuevo marco regulatorio por venir. También nos informa de su interés por construir una institucionalidad de Facebook que exceda lo virtual para constituirse en una plataforma con un rol de agente social capaz de impactar en la comunidad global. Una contribución al fortalecimiento del tejido social (del mundo concreto), que sea compatible con mayores oportunidades de negocio (en su red virtual).

La gran incógnita es cuánto de lo que se anuncia en ese lenguaje políticamente correcto y propositivo que tiene el texto, es reflejo de un empresario joven, auténticamente preocupado por hacer algo más que negocios y dinero, o cuánto es buena retórica para matizar fines meramente empresariales. En ese aspecto, Zuckerberg aparece ambivalente, como si él mismo estuviera en tránsito aún de definir cuánto del nuevo Zuckerberg políticamente responsable está dispuesto a ceder frente al Zuckerberg empresario, fundador de un imperio que ha sabido adaptarse, hasta ahora de manera exitosa, a todo contexto y paso del tiempo. Y es el tiempo, precisamente, el que nos dará esa respuesta.

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