“Sexo y género”, por Marco Aurelio Denegri

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Fuente: El Comercio

“Una de las consecuencias del feminismo es haber distinguido entre sexo y género”, señala Denegri.

"Sexo y género", por Marco Aurelio Denegri
Foto: Paola Flores/El Comercio

Una de las consecuencias del feminismo es haber distinguido entre sexo y género. Aquél designa una categoría orgánica, biológica, y éste una categoría sociocultural que implica diferencias o desigualdades sociales, económicas, políticas y laborales. Entre las feministas son por eso comunes expresiones como estudios de género, discriminación de género, violencia de género.

A las feministas siempre les ha mortificado que los substantivos masculinos, cuando se usan en plural, comprendan igualmente a las mujeres, y esto rige no sólo para los seres humanos, sino también para los animales. Por ejemplo, si yo digo que en mi barrio hay muchos gatos, se sobreentiende que aludo así mismo a las gatas, pero las feministas afirman que no se sobreentiende, y que en consecuencia es necesario declararlo. Deberé pues manifestar que en mi barrio abundan los gatos y las gatas.

“Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales” es frase discriminatoria, porque excluye a las mujeres. Así opinan las feministas, en cuyo sentir la frase propia y correcta, no-discriminatoria, es: “Las mujeres y los hombres de la prehistoria se vestían con pieles de animales.”

En relación con este asunto, el Panhispánico manifiesta lo siguiente:

“Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva.”

Otro punto vinculado a lo que hasta aquí llevo dicho se refiere a los participios activos o de presente cuando se substantivan y se indica el género de ellos mediante el artículo determinado; verbigracia, el vigilante, la vigilante, el estudiante, la estudiante. Sin embargo, por el principio de la analogía y también por influjo del feminismo, hay la tendencia a generificar dichos participios y esto ya se ha hecho por lo menos en seis casos y los seis constan en el Diccionario de la Academia. Efectivamente, la Corporación matritense admite en su lexicón los términos asistenta, comedianta, dependienta, figuranta, presidenta y sirvienta. Tal vez algún día la Academia admita habitanta, vocablo usado diez veces por Mario Vargas Llosa en su Historia Secreta de una Novela.

Dicen que el uso es soberano y les confieso que yo lo admitiría si fuera solamente el buen uso; pero no, también es el malo. Por eso Cicerón decía: “El uso es pésima regla.” No me sorprendería que el uso logre imponer las palabras artisto y periodisto. Recordemos que modisto, que figura en el DRAE, es imposición del uso.

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