Choros a la chalaca, por Carmen McEvoy

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Fuente: El Comercio

“Para llevar a cabo la tarea de recuperación del Callao hay que desmantelar, primero que nada, un aparato político-criminal”

Choros a la chalaca, por Carmen McEvoy
“La tragedia que los chalacos sufren, desde 1995, es consecuencia de una rapacidad que ha devorado sin compasión el bien común”.(Ilustración: Giovanni Tazza)

Como chalaca me indigna la dramática situación que atraviesa el Callao, secuestrado  desde hace dos décadas por una organización político-criminal que opera impunemente ante la vista y paciencia de una sucesión de gobiernos. Chim Pum Callao, fundado por el reo Álex Kouri, no solo robó la identidad del primer puerto de la República, sino que se nutrió de sus ingentes recursos económicos provenientes de un canon generoso. Este, que bordea los S/1.500 millones anuales, fue despilfarrado en aras del enriquecimiento ilícito de cabecillas y subalternos y el fortalecimiento de una compleja red criminal, inédita no solo por su violencia sino por su capacidad de mutar y sobrevivir.

La “perfección de la perversión” es probablemente la frase que mejor sintetiza el modus operandi de un ‘partido’ que, irónicamente, nació en la provincia que por asilar a las leyes y la Constitución fue elevada y dotada de privilegios especiales. Porque nada hay más perverso que contratar sicarios como guardia pretoriana de alcaldes y gobernadores, valerse de una prensa comprada para aniquilar a los rivales políticos, hacerse de la vista gorda o cooperar abiertamente con el narcotráfico, sobrevalorar obras, traficar terrenos, vender alegremente la propiedad pública, impedir el recambio democrático o denigrar a los pobres con dádivas miserables.

La tragedia que los chalacos sufren, desde 1995, es consecuencia de una rapacidad que ha devorado sin compasión el bien común. La criminalidad rampante, las pistas llenas de huecos, las paredes pintarrajeadas con los nombres de Félix Moreno, Juan Sotomayor, entre otros jerarcas chimpuneros, junto a la impactante imagen de obras inacabadas y de centenares de drogadictos deambulando por sus calles dan cuenta de un Callao degradado y estafado, donde poco o nada se ha hecho por el bienestar de la población.

Apena constatar que el Callao no tenga el destino grande que merece. Tanto por su rica e incomparable historia como por su privilegiada ubicación geográfica, su riqueza marina y los enormes recursos que ingresan a la región. Desde hace varios años bandas armadas controlan un número creciente de barrios mientras el narcotráfico y el crimen organizado modelan la cultura y la economía del primer puerto de la República. Un plan muy bien estructurado, en el cual la cooptación de jueces, policías y un sinfín de autoridades y el reparto populista de “regalos”, ha establecido la hegemonía de una organización electoralmente imbatible que repele a balazo limpio la competencia política.

“Yo no tengo ninguna sombra, yo soy perfecta”, declaró alguna vez Patricia Chirinos, alcaldesa chimpunera de La Perla y renunciante de última hora a la asociación que la llevó al poder. Para luego añadir muy suelta de huesos que el 68% de los chalacos estaban muy contentos con una administración que, en sus palabras, había avanzado “muchísimo”. No sé en qué Callao vive la señora Chrinos, si es que reside allí, pero lo que salta a la vista luego de la ‘remodelación’ de Gambetta, el ‘affaire’ sauna-Pentagonito, el estado de emergencia de 315 días, las coimas pagadas por Odebrecht, los empleados fantasmas, las portátiles armadas, el incremento exponencial del narcotráfico, la sobrevaloración de Córpac o la venta de siete hectáreas del fundo Oquendo es que la nube ‘perfecta’ donde habita esta hada madrina de los necesitados simplemente no existe. Para los que hemos venido denunciando la tragedia chalaca, la detención de Félix Moreno –antecedida por la del fundador de su agrupación– es una valiosa oportunidad de dignificar el Callao y enrumbarlo por la senda del trabajo y el progreso.

Para llevar a cabo la tarea de recuperación del Callao hay que desmantelar, primero que nada, un aparato político-criminal y ello no es tarea fácil. Significa una labor conjunta de los entes constitutivos de un Estado que debe reincorporar los espacios cedidos a la delincuencia organizada. Muchos abogan por una intervención directa en la región, otros proponen cortar los recursos que, evidentemente, no redundan en el bienestar del pueblo chalaco que hoy se siente defraudado e incluso avergonzado de sus autoridades. Siempre llevó en el corazón la historia que mi mama me contó de su abuelo Manuel combatiendo en el Dos de Mayo. Del orgullo que sentía la familia de tener entre sus miembros a un defensor de la integridad del primer puerto peruano. Tengo la esperanza en los miles de chalacos que aman y respetan a su tierra y están decididos a enfrentar el cáncer de la corrupción con valentía y honor. Recuperando ese grito guerrero e identitario, hoy denigrado: “¡Chim pum Callao!”.

 

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