¿Amedrentar? Escribe:  Rocío Silva Santisteban

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Fuente: La República

El viernes regresé de dictar mis clases de la UNMSM y encontré que mi departamento había sido violentado, la puerta abierta, la luz del quinto piso apagada porque los intrusos aflojaron el foco, taparon los visillos de las puertas de los vecinos y le metieron a mi puerta, según el cerrajero, una barreta gruesa y larga para destruir la madera, palanquear el borde y romper el cantol cruzado que la resguarda. No pudieron romper el cantol pero igual entraron a lo bestia. Seguro hicieron mucho ruido; la vecina escuchó pero cuando fue a ver por el visillo lo encontró todo oscuro. Cuando yo llegué, ella me auxilió y reportamos al serenazgo y los serenos llegaron a los tres minutos; luego el escuadrón de emergencia y un brigadier de la comisaría de Miraflores. A las dos horas, la DIRINCRI recogió huellas de manera inmediata y eficiente; al día siguiente me llamaron del Ministerio del Interior. Hoy la CNDDHH me apoya en el seguimiento del proceso en la fiscalía.

Lo extraño es que se llevaron una computadora de escritorio que tiene aproximadamente diez años, ensamblada, con poca memoria ram, el monitor y un disco duro que pertenece al museo de vejeces computarizadas. Lo que más me ha dolido es que se llevaron una medalla de la Virgen de Guadalupe y una sortija que eran la única herencia que me dejó mi abuela. Los intrusos dejaron todos los aparatos eléctricos; una cámara de fotos; teléfono celular; pasaportes; en fin… un robo direccionado para sacar la información que vengo acumulando desde hace años. Incluyendo una novela inédita y dos libros de poesía, uno de ellos dedicado a la memoria de mi padre.

¿Información sensible? Lo más importante son los testimonios de víctimas de violaciones de derechos humanos, sobre todo, mujeres: desde ayacuchanas que han sido violadas durante el conflicto armado hasta diversos tipos de informes de las mujeres de Guatemala, El Salvador, Honduras, o videos de las agresiones a Máxima Acuña de Chaupe, o entrevistas a mujeres defensoras. Nada más van a encontrar. Quienes piensan que soy parte de una “telaraña internacional” contra nuestro querido Perú se equivocan totalmente.

La semana pasada también entraron a la casa de Marisa Remy, mamá de la congresista Marisa Glave, hurtando una laptop y hace unos días al departamento de Anahí Durand, que está ubicado al frente de la caseta de Serenazgo de Lince, también sacando varias laptops. Robo de información sistemático con una serie de coincidencias que la DIRINCRI debería de tomar en consideración. Se trata, además, de diversas mujeres que somos activistas de diversas causas —derechos humanos, derecho internacional, feminismo— y políticamente de izquierda.

¿Amedrentar de esta manera es funcional? En lo absoluto. Ni Marisa ni Anahí ni yo misma vamos a variar nuestras opiniones sobre lo que acontece en el país, ni nuestros puntos de vista, con los diversos matices entre nosotras. Creemos que la justicia está más allá de este modelo económico de capitalismo por despojo que beneficia a pocos y perjudica a muchos y a nuestra tierra.

Pueden llevarse la memoria de mi computadora, pero no mi memoria ni mis ganas de seguir en las luchas.

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