Entrevista a Amanda Gonzales, directora de “La Cantuta en la boca del diablo”

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Fuente: Retina Latina

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La joven directora de La Cantuta en la boca del diablo habla sobre su incisiva y necesaria película. La voluntad de verdad es la fuerza motora de Amanda Gonzales, evidencia para todo aquel que se encuentre con su película.

Otros Cines: ¿Por qué decidió hacer un film como La Cantuta en la boca del diablo y reproducir la forma de investigación de Edmundo Cruz con él como guía?

Amanda Gonzales: Vengo de las canteras del periodismo de investigación, mis temas son política, derechos humanos, y conflictos sociales. El conflicto armado interno peruano fue un tema que viví de cerca y que ocupó los inicios de mi carrera al coincidir con la recuperación de la democracia y el proceso de la Comisión de la Verdad. Derivé al cine documental independiente al descubrir las posibilidades expresivas y narrativas del audiovisual y buscando mayor libertad para trabajar temas y enfoques que los medios masivos no se atreven a tocar.

Edmundo es mi mentor desde que fui su alumna, luego su aprendiz en el diario La República, su Jefe de trabajos prácticos en la universidad, y asesora para el diseño de cursos o conferencias. Él enseña desde su experiencia; y sus relatos siempre me resultaron fascinantes, especialmente el de Cantuta, pues se notaba que era un caso especial para él, una obsesión sin cerrar. Nuestra primera idea era hacer un libro, pero se cruzó con mis estudios de maestría en cine documental en Argentina, que dejé inconclusos al volver al Perú y comprender la urgencia de hacer el proyecto (Edmundo tuvo un problema cardiaco que casi lo vence, felizmente es un hueso duro de roer). Lo convencí del poder e impacto del audiovisual, y de la importancia de tenerlo dentro del encuadre, misión nada sencilla pues él sabe cumplir con la norma básica del investigador: el perfil bajo. Pero confió en mí, felizmente. Mi intención fue reconstruir un caso de investigación, reivindicando el método y al maestro, tomándome licencias narrativas de las novelas de  misterio, y creativas del cine negro.

A nivel político, esta película constituye la memoria audiovisual de un caso histórico, con el cual se logró encarcelar al dictador Alberto Fujimori por delitos de lesa humanidad. Un caso cuyo nombre todos aquí conocen, pero pocos comprendían a profundidad.

O.C.: ¿Puede sintetizar el contexto político de aquel entonces?

A.G.: Desde fines de los ochentas Perú estaba sumido en una grave crisis: Sendero Luminoso lanzaba su ataque definitivo sobre la capital, Lima, con coches bomba y  apagones casi a diario; y el shock económico (fujishock) para cortar la hiperinflación dejada por el gobierno anterior y adscribir a Perú al plan neoliberal del FMI tenía al país en zozobra. Con un Poder Judicial sobrepasado por las amenazas y asesinatos de sus magistrados que se combinaba con el soporte litigante de Sendero, Fujimori pretendía pasar leyes anticonstitucionales que posibilitaran tribunales sin rostro, detenciones arbitrarias, persecución política a toda la izquierda y al movimiento social, etc. El Congreso no se lo permitió, así que el 5 de abril de 1992 Alberto Fujimori realiza lo que llamamos el “autogolpe”: clausuró los poderes democráticos, detuvo a sus opositores y gobernó aliado con las fuerzas armadas. Parte de su estrategia de guerra antisubversiva incluyó la formación y financiación de un comando militar clandestino que realizó atentados y asesinatos selectivos como el crimen de Cantuta.

O.C.: ¿De qué forma su película tiene vigencia en la actualidad de Perú? Está claro lo que el propio film sugiere respecto de la actualidad del legado de Fujimori y la fuerte adhesión que tuvo su hija en las elecciones a principio de esta década.

A.G.: La película se utiliza hoy con fines pedagógicos en colegios, universidades y cineclubes, es un instrumento de  memoria; es parte de la selección de películas del Lugar de la Memoria, creado  por mandato de la Comisión de la Verdad que investigó los años del conflicto armado interno. Y también sigue siendo un arma para despertar conciencias políticas en cada elección en la que algún Fujimori pretende llegar a la presidencia del país.

O.C.: ¿Cómo fue la recepción de su película en Perú?

A.G.: Su estreno fue en la emblemática Plaza San Martín, el 5 de abril del 2011, en las jornadas por la  memoria contra el autogolpe. Ese día el diario La República liberó con su periódico 80.000 copias en DVD a nivel nacional. Estábamos en plena campaña de las elecciones presidenciales y Keiko Fujimori lideraba las encuestas. Los fujimoristas intentaron detener la difusión, con compras organizadas en varios lugares, pero la reacción del público fue mayor. Desde temprano se agotaron los DVDs, un usuario de YouTube la publicó y en pocas semanas alcanzó 150.000 vistas aproximadamente. Se editaron hasta cinco versiones pirata a nivel nacional, ciudadanos de todas las regiones organizaron proyecciones y cine foros en universidades, plazas, locales sindicales, etc. Edmundo y yo viajábamos por todo el país invitados por colectivos estudiantiles y movimientos civiles a acompañar estas proyecciones hasta que acabara la campaña presidencial. De alguna manera la película sirvió como herramienta de incidencia política para detener a la candidata sucesora del fujimorismo. Fue muy interesante ver cómo una pieza audiovisual generaba tal grado de movilización ciudadana, aunque  luego ese nivel de exposición nos costara el ser descartados para el Festival de Cine de Lima, que, como la mayoría, exige que sus piezas en competencia sean de estreno.

O.C.:¿Cómo ve usted su documental en relación a otras películas que indagan sobre los desaparecidos o víctimas de la lucha política en Perú, como NN, Lucanamarca, Estado de miedo y otros films que vuelven sobre el tema de la memoria?

A.G.: Cantuta ha tenido siempre problemas para encontrar su lugar en el mundo del cine, como también en el del periodismo. Es como un mestizo, un híbrido que  ni cineastas ni periodistas reconocen como parte de su tradición. Claro que con el tiempo, el universo documental  o de no-ficción, más libre, abierto y versátil, empieza a reconocerlo. Otra cosa que caracteriza a este documental es que denuncia directamente el terrorismo de Estado, lo que no resulta muy popular cuando se habla del conflicto armado interno. Eso lo vuelve polémico, y lo mantiene vigente como una pieza para el debate político y no solo para la memoria histórica. Es un film que suscribe la esencia del periodismo de investigación que Cruz me enseñó, que asume posición sin pretensiones de objetividad maniqueas, que apunta al verdadero poder criminal y asume las consecuencias.

Por Roger Koza, de OtrosCines.com, para Retina Latina

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