Carmen Mc Evoy: “La tarea histórica de Kuczynski es que pasemos esta difícil transición”. Por Enrique Patriau

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Fuente: La República

Carmen Mc Evoy. Historiadora y docente universitaria. Se considera una liberal republicana del siglo XIX. Presentó la reedición de su obra La Utopía Republicana en la Feria Internacional del Libro.

Valores. Carmen Mc Evoy resalta el aporte de Valentín Paniagua en proceso de transición democrática que inició el 2000 y que, enfatiza, no ha acabado

Conversar con Carmen Mc Evoy siempre es un privilegio. Recibió a La República en su casa de La Punta, en el Callao, para hablar sobre el Perú, su tema preferido. Sin perder la mirada en la historia, Mc Evoy reflexiona sobre la actualidad nacional, hoy que se cumplen 196 años de la Independencia. A cuatro años del Bicentenario, pide que bebamos, siempre, de nuestra riqueza cultural, el ingrediente decisivo que ha permitido que sigamos juntos como nación. “Existe algo poderoso que nos mantiene unidos, y a veces hasta alegres”, señala. Y eso, a pesar de todos nuestros problemas.

Prueba. Historiadora destaca reacción de PPK ante desastres naturales, pero lamenta que no haya mantenido ese impulso

¿Qué le ha parecido este primer año de gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski?

Me ha parecido un año de luces y sombras, no es totalmente negativo. Ha habido coyunturas malas, sobre todo a nivel económico. El mundo no está en su mejor momento, incluso se puede hablar de recesión a nivel mundial, y los precios de las materias primas, de los minerales, han bajado. El modelo exportador primario…

Que es el nuestro.

Que es el nuestro, está bajo ataque. Yo pienso que se pensó que estos precios iban a crecer para siempre…

Hace años que dejaron de crecer, en realidad.

Es cierto. Y hay que terminar de asimilar que este gran crecimiento económico no iba a ser eterno. Por otro lado está lo del desastre natural, que es parte del mismo sistema: el calentamiento global, la sobreexplotación de recursos…

Es la consecuencia…

Claro, el desastre fue la consecuencia de un mismo modelo económico. No hay que ser mezquinos porque, en ese momento, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski hizo lo que tenía que hacer, y lo hizo bien. A mí me gustó mucho incluso ese nombre de “una sola fuerza”, porque nombrar a las cosas es definirlas. Y eso cundió en la población: hubo respuesta de la sociedad civil, nos unimos como país y nación, lo que me hizo sentir orgullosa. Una de las cosas extraordinarias de ese momento fueron los ministros itinerantes, que se iban a todos lados. Fue cuando el gobierno mostró lo mejor que tiene: la voluntad, su capacidad de trabajo.

Pero ese impulso se perdió, ¿no lo cree?

Esa energía se fue, cuando ese modelo puede ser aplicado no solo en momento de desastres y mantenerlo en el tiempo, ¿no? Esa idea del ministro en el terreno recogiendo información para mejorar la vida de la gente, ¿por qué se perdió? No lo sé. Quizás había que hacer otras cosas por acá.

Asistir a interpelaciones, por lo pronto.

Cuando empezamos a recuperarnos del desastre empezó el embate de la oposición de nuevo. Hubo una tregua porque, claro, atacar en medio de una crisis no se iba a ver muy bien.

Ahora, ese embate opositor se alimenta, también, con los errores del gobierno.

Hubo errores, desde luego. Chinchero fue un error, fue la persistencia en el error. El presidente, en la entrevista que usted le hizo hace poco, también reconoce que no se hizo una buena auditoría del gobierno anterior, justamente para saber qué es lo que se está recibiendo. Lo que este gobierno no termina de entender es que en el país se ha creado una desconfianza general.

Esa persistencia en el error, en el caso de Chinchero, ¿tiene que ver con esa lógica de que lo prioritario son las inversiones, casi sin importar cómo?

Hace mucho tiempo ya se acuñó esta frase del “piloto automático”. Tener al país en piloto automático significa no crear ruido para que los inversionistas no salgan disparados, cuando los buenos inversionistas, responsables, saben que es mejor que todo esté bien resuelto antes que nada. Las cosas mal hechas terminan con interpelaciones, con la sensación de que se repiten esquemas de hace varios años, que las cosas suceden por el bien de un grupo de interés.

En vez del interés nacional.

Ese conflicto entre el interés general y particular tiene que quedar dirimido en este segundo año de un gobierno cuya obligación consiste en preservar el interés de todos los peruanos. Lo que ocurre también es que el gobierno entró sin cuadros y echó mano de la burocracia humalista. No acuso a todos los funcionarios del gobierno pasado de ser corruptos, pero se tuvo que echar mano de la baraja vieja, que ya viene marcada.

¿No siente que a este gobierno le falta la idea de un proyecto nacional?

Es que nosotros queremos escuchar una buena narrativa, que los dirigentes cuenten a los peruanos qué país imaginan. Nos dicen que todos vamos a tener agua, salud, y eso está bien. Pero debemos aspirar a ser un país de ciudadanos, no de consumidores. Es obvio que vivimos en un sistema capitalista que necesita estimular el consumo, eso no se puede negar, pero hay otra narrativa cívica ausente que debe recuperarse, la narrativa del ciudadano responsable, honesto. ¿Qué valores queremos para los peruanos en este siglo XXI? Yo echo de menos, por ejemplo, un horizonte cultural capaz de alimentar el alma de la nación.

¿Coincide con quienes han repetido, de manera constante, que el gobierno ha demostrado ausencia de pericia política?

Esto tiene relación con mi comentario anterior. Lo que se ve en el gobierno es una tecnocracia que entiende las cifras, no las sensibilidades. Los economistas están entrenados con los números, y convencidos de que si se sube un punto de PBI se va a sacar a tantas personas de la pobreza. Muy bien, sin embargo eso no es lo único. Y no es que el tecnócrata carezca de sensibilidad, solo que debe comunicarla mejor. Hay que invertir en cultura, aunque esta no dé réditos económicos instantáneos.

¿Qué opinión tiene del personaje Kuczynski?

Él es una combinación de cosas. Es un músico formado por una madre que era pianista y por un padre que era un médico que trataba de recuperar a personas que padecían lepra. Por eso, yo creo que él sí tiene esa parte que es la que extraño en su gobierno, la de la sensibilidad social.

A Kuczynski le gana su “lado MEF”, digamos.

Le gana el MEF, que es otro código. Y le gana su época de banquero de inversión, donde los números son los que hablan y los accionistas demandan que el dinero crezca. Claro, a ellos no les vas a hablar de producción cultural. Kuczynski debería recuperar esos inicios suyos con su familia itinerante y sensible. Yo tengo fe en este presidente, porque tiene una formación social y cultural.

¿Y también le tiene fe al fujimorismo?

(Risas). El fujimorismo siempre criticaba al gobierno porque cometía errores, y ya ve usted: en el Perú las palabras regresan a ti, son como un conjuro. ¡El fujimorismo ha hecho implosión! Van a tener que hacer un mea culpa por haber ejercido un poder absoluto, omnipotente.

Ese poder se lo dio la gente, hay que decirlo. En elecciones limpias, además.

Sí, por supuesto. Podemos debatir sobre si el sistema electoral es justo o no. Lo cierto es que tienen el poder. La pregunta es: ¿cómo lo ejerces? Los fujimoristas se equivocaron. Les explotó en las manos esta centralización del poder, esta incapacidad de ponerse en el lugar del otro, aunque ellos dicen que le dieron el voto de investidura al gabinete, que dieron facultades legislativas…

Esos son mínimos. Facultades legislativas a un gobierno que recién se inicia es un gesto político casi elemental.

Exacto, es algo normal. ¿Cómo le puedes negar facultades a un gobierno que empieza, sobre todo en un contexto en el que se busca la reactivación económica? Pero voy a otra cosa. Yo siento que esta acumulación de poder, esta especie de bola de energía, les ha explotado en las manos. La disidencia que estamos viendo en el fujimorismo demuestra que se equivocaron. Yo realmente espero que las fuerzas políticas que dirigen al país analicen las cosas, sean modestas y humildes. Hay que caminar a través de un pacto mínimo de convivencia, básico, con el objetivo de mejorarle la vida a millones de personas.

¿Le llama la atención que esta implosión, como usted la llama, haya sido gatillada por un Fujimori?

A mí no me impresiona. El fujimorismo es una dinastía: un padre que deja una herencia política en los hijos, que a su vez la administran. Si hay lealtad hacia la candidata Keiko es porque también existe el recuerdo de lo que hizo Alberto, quizás en un pueblo alejado. Lo que vemos, entonces, es la disputa entre hermanos, una especie de Huáscar y Atahualpa modernos, enfrentados por la herencia del poder. En estos esquemas jerárquicos de antiguo régimen, no es novedad. Más bien, demoró en ocurrir. Las contradicciones se han agudizado porque el padre cautivo…

Aún no es liberado

Y cada hijo determina qué es mejor para sus propios intereses. Es como un drama shakesperiano. Si lo piensa, al final este no es un sistema democrático. La implosión muestra las contradicciones del propio modelo fujimorista. No deja de ser irónico que Alberto Fujimori tuitee desde la cárcel para denunciar que su hijo ha sido maltratado…

Maltratado por el autoritarismo del movimiento que él creó. En la práctica, a Kenji Fujimori lo han sancionado por emitir su opinión.

Maltratado por el autoritarismo que es herencia suya, que es su estilo político. Es una suerte de justicia poética.

¿Cuánto daño le hace a la institución presidencial lo ocurrido con Ollanta Humala?

Lo que pasa es que lo ocurrido en el 2000, con la caída del régimen de Alberto Fujimori, fue un intento de transición democrática. El problema es que no se desmanteló el sistema de la corrupción. Digamos, no se limpió el Poder Judicial, continuaron los mismos mecanismos de negociado entre los particulares y el sector público. La transición democrática no fue acompañada de la reforma del Estado. Estamos viendo una transición abortada, sin controles, con amiguismos, con prebendas. Pensábamos que la democracia nos iba a llevar hacia un Estado más transparente, y sin embargo seguimos en el mismo carro abollado.

Cambiamos las llantas, a lo mucho.

Y había que cambiar, además, el motor, el chasis, revisar las luces. La estructura del Estado peruano sigue permitiendo este tipo de cosas. Yo no tengo dudas: que se castigue a quienes haya que castigar, que queden en el camino los culpables y los demás sigamos hacia adelante. Si dos o tres gobiernos están acusados de corrupción, es que algo grave ocurre en el sistema. El presidente, por ese motivo, debe profundizar en la reforma del Estado, que privilegie un sistema basado en méritos y de cuentas claras.

También es cierto que, en el caso de Lava Jato, la corrupción es continental.

Eso es cierto. Y ha llegado hasta África. Por cierto, en el Perú encontró tierra fértil. Yo lo veo como una confluencia, de la ausencia de reformas necesarias y de un monstruo de corrupción que tomó por asalto, como usted dice, al continente. Hay que recordar, también, que la corrupción en el Perú es…

Transversal, diríamos.

Exacto. Y viene desde la época del contrato Meiggs, de la construcción de los ferrocarriles…

Y seguimos en lo mismo.

La desgracia es que en los momentos de auge económico y expansión la contraparte siempre es el Estado esquilmado, como un botín. Yo siempre reflexiono con mis alumnos cuánta inversión en salud y educación hubiese podido hacerse con el dinero de la corrupción. ¡Muchísima! En el fondo, es como si los peruanos no fuéramos conscientes de lo que se ha perdido. Tenemos que recordar, constantemente, que hay personajes que, aprovechándose de su puesto público nos han robado. ¡Es una tragedia! Faltan solo cuatro años para el bicentenario y hay un presidente fugado, dos en la cárcel y uno sobre el que cual penden muchas dudas, para decirlo con elegancia. Entonces una se pregunta: ¿qué está pasando con la presidencia de la República? En un Estado donde las leyes se cumplieran, los presidentes no podrían estar haciendo lo que estos señores han hecho.

Hay excepciones, desde luego. Honrosas.

Eso hay que subrayarlo siempre: Valentín Paniagua inició este nuevo proceso y salió limpio. Eso quiere decir que hay gente honesta que no se mancha. Mi impresión es que, junto a esta reforma del Estado que le menciono, debe haber un proyecto de valores. Valores degradados, un Estado permisivo y mucha plata generan la perfecta situación para el ladrón.

Un ladrón con poder, encima. Mucho peor.

Ladrón con poder y con un sistema de banca internacional a la mano que permite refundir y esconder el dinero. Por todo esto, pienso que la tarea histórica de Kuczynski, si le podemos dar ese nombre, es que pasemos esta difícil transición, muy dolorosa para el Perú, donde los ciudadanos ven a sus presidentes perseguidos por la Interpol, capturados en la Diroes. Kuczynski tiene que ser capaz de llevarnos por este calvario moral. Si la figura presidencial se mantiene incólume en esta transición, entonces sí vamos a poder cruzar el puente.

Y cuando eso ocurra, esperemos que aparezca una nueva generación de políticos honestos.

Con otras prácticas, proyectos, con otras miradas de país, para dejar el lastre atrás. Esa es mi esperanza, que salga una nueva generación política con ganas de servir.

“Si hemos llegado hasta acá, es que hay algo poderoso que nos une”

A cuatro años del bicentenario, ¿qué espera del Perú de acá al 2021?

En cuatro años no se puede hacer mucho.

Por algún lado se debe empezar.

Por lo pronto hay que recapacitar sobre lo que nos está pasando, sobre nuestros errores. Y a partir de ese momento, hay que rescatar las ideas que forjaron al Perú. Hace 200 años había un grupo de peruanos que no estaban en la corrupción, que no estaban pensando en cómo hacer negocio, en qué oportunidad me va a dar la presidencia, el poder. Lo que querían, en cambio, era forjar una república, y para eso escribieron una Constitución, hablaron de la libertad, de la justicia, de la democracia.

¿Hay que volver a esos ideales primeros, dice?

Yo siempre hablo de eso, del primer Congreso Constituyente, con gente como José Faustino Sánchez Carrión o Hipólito Unanue. Eran sabios. Y ahí no había Odebrecht ni casas de millones de dólares. Nuestro ejercicio como país debe ser regresar al inicio, teniendo en cuenta lo siguiente: vamos a celebrar 200 años de historia republicana, sin embargo el Perú tiene milenios. Y una se pregunta: ¿cuál es el fundamento que nos permite seguir avanzando a pesar de todo? La riqueza cultural extraordinaria que tenemos. Bebamos de ella. Si hemos logrado llegar hasta acá, es que existe algo poderoso que nos mantiene unidos y a veces hasta alegres.

Hay un pacto social de nación, eso es verdad.

Implícito, que no se ve. Hace poco estaba leyendo de nuevo un libro muy lindo de Mark Thurner en donde dice algo fascinante: “El Perú es la sumatoria de las apuestas en el abismo de la historia”. Él dice que el nombre de Perú es una confusión que ocurre en el momento crítico de la conquista. Así se crea este nombre poderoso, que se vende al mundo como el lugar de la riqueza, de la opulencia. Volver al conjuro del Perú, a su fuerza, nos va a permitir refrendar el pacto. El gobierno tiene que entender que hay un pacto político con el Perú, de miles de años. Kuczynski tiene que entender que está parado sobre un país muy potente, que así como te eleva, te destruye.

Lo vemos.

Lo vemos, lo vemos. Por eso, al Perú hay que respetarlo, hay que quererlo.

Tras 20 años reeditan La Utopía Republicana

El Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú(PUCP) ha editado por segunda vez, y después de veinte años de su aparición, el libro de Carmen Mc Evoy titulado “La utopía republicana: Ideales y realidades en la formación de la cultura política peruana”, en el que la historiadora realiza un detallado análisis de la primera centuria del Perú como una república independiente.

Considerada una de las piezas fundamentales en la producción intelectual nacional, la obra fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Lima, con los comentarios del Salvador del Solar, Ponciano del Pino y Alicia del Águila.

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