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FRANCISCO OSORIO, MARCELO ARNOLD, SERGIO GONZALES LÓPEZ Y EDUARDO AGUADO LÓPEZ (COORDINADORES) – LA NUEVA TEORÍA SOCIAL EN HISPANOAMÉRICA. INTRODUCCIÓN A LA TEORÍA DE SISTEMAS CONSTRUCTIVISTA.

La crisis de la sociología en América Latina, entre otras cosas, se expresa en la ausencia de teorías que sirvan de referentes formativos y que acompañen el ejercicio profesional de los sociólogos. No es que no haya teorías. En los últimos cincuenta años han aparecido diversos enfoques teóricos que, lamentablemente, han pasado desapercibidos en la mayoría de nuestras universidades. El vació dejado por el marxismo académico (y político) coincidió con un retiro sistemático de la reflexión y la discusión teórica en los espacios académicos. Esta discusión, cuando ocurrió, se dio en espacios privados, que incluyen ONGs, Centros de Investigación, entre otros. Las universidades, por el contrario, con algunas excepciones, han estado ausentes de este debate.

Con la teoría social ha pasado algo parecido que con el “mito del progreso” en esta parte del mundo. La ideo de progreso caló hondo en la población que, en la primera mitad del siglo XX, era mayoritariamente rural. La búsqueda del progreso, además de los cambios estructurales que experimentaron nuestros países en el marco del proceso de modernización, hizo que muchas familias migraran del campo a la ciudad en la segunda mitad del siglo pasado. El progreso, más allá de sus resultados, fue un mito movilizador que caló hondo en la población. El discurso desarrollista, que vino a ocupar su lugar en los últimos cincuenta años, no tuvo el mismo resultado, entre otras cosas, porque se sostuvo desde los organismos internacionales y organizaciones privadas de la Sociedad Civil, sin que las universidades públicas tuvieran una injerencia directa en su formulación. La población, en consecuencia, percibe este discurso como algo ajeno, especializado, manejado por los “técnicos”. Existen además diversos discursos desarrollistas, sobre todo a nivel local y regional, que, en no pocos casos, se entrecruzan en un mismo territorio, lo que incrementa la desconfianza y la incredulidad en la población.

Con la teoría social paso algo parecido. El marxismo, en sus distintas variantes, no solo ofrecía un diagnóstico y una respuesta a los problemas de nuestros países, sino que además se erigió como un norte político, dentro de un horizonte de transformación social. Es bueno recordar que inicialmente fueron el funcionalismo y el desarrollismo las corrientes teóricas que impulsaron la formación de los sociólogos en las décadas de los cincuenta y sesenta. El marxismo, que estaba presente en nuestra región desde los años veinte, se mantuvo en los márgenes del espacio académico hasta los años setenta, en que se volcó masivamente en nuestras universidades. A fines de los años ochenta, luego de la caída del Muro de Berlin, esta corriente teórica perdió vigencia en nuestras universidades. La denominada “crisis de paradigmas”, que se anunció con bombos y platillos, no trajo nada nuevo en nuestras universidades. Ninguna de las teorías que se anunciaron en el marco de este debate caló hondo en nuestras universidades.

El resultado ha sido el abandono sistemático de la reflexión teórica en nuestras universidades. En la mayoría, se sigue enseñando teoría sociológica clásica y contemporánea casi como una “arqueología teórica”. La reflexión teórica, en el mejor de los casos, se pone entre paréntesis, cuando no se abandona completamente. La teoría ya no sirve para diagnosticar el mundo actual y los problemas del país, menos aún para promover un debate público en torno a los mismos. Su utilidad –cuando realmente se le atribuye alguna utilidad- se reduce al método o como modelo a seguir en la construcción de conceptos o en la formulación de hipótesis. En el mejor de los casos, se trabaja con “teorías de mando medio” o con teorías “especializadas” (género, medio ambiente, gestión pública, etc.), pero con estudios locales o regionales, de nivel descriptivo, que no tematizan y menos aún cuestionan las relaciones de poder y de dominación que subyacen a los problemas tratados. Las desigualdades sociales son “visibilizadas”, pero no debatidas y, menos aún, cuestionadas. Los problemas sociales se han hecho globales, mundiales; pero la reflexión teórica, cuando existe, se ha hecho local, especializada. En la mayoría de los casos, sin embargo, la reflexión teórica se ha dejado de lado y, en su lugar prevalece el empirismo –que no llega a ser el “empirismo abstracto” de los años cincuenta y sesenta- y la promoción o trabajo social, ausentes de teoría.

Es por eso importante lo que viene ocurriendo en algunos países, como Chile, México y, en menor medida, España. En estos países la reflexión teórica se mantuvo y el lugar dejado por el marxismo, a finales de los años ochenta, inmediatamente fue ocupado por la teoría general de sistemas que, en ningún caso, significó una vuelta al funcionalismo o neofuncionalismo. Este libro describe como operó este “giro epistemológico”, a nivel teórico y metodológico, en base a las propuestas teóricas de algunos de sus principales protagonistas, como es el caso de Marcelo Arnold, Francisco Osorio, Cecilia Dockendorff, Fernando Robles, entre otros. En la mayoría de nuestros países, el lugar dejado por el marxismo significo una “pérdida”, un “vacío” que tampoco fue llenado por enfoques teóricos de orientación contraria, conservadores o neoconservadores. En Chile o México, por el contrario, la teoría de sistemas busca aportar en la mejora de los sistemas administrativos públicos y privados, a nivel nacional y local, en el diseño de sistemas económicos territoriales, en el estudio de las identidades sociales, en la construcción de los sentidos de vida, entre otros temas que se consideran relevantes. Este libro, que se publicó en el 2008, recoge estos aportes teóricos que, a pesar del tiempo transcurrido, se mantienen vigentes en nuestros días.

http://ri.uaemex.mx/bitstream/handle/20.500.11799/3617/Nueva_teoria_social_en_Hispanoamerica_Osorio_Arnold.pdf?sequence=3