Fuente: La República

Entrevista al investigador principal de GRADE. Economista agrario.

Urgente. Para Zegarra, la inacción en el sector agrícola hace peligrar la seguridad alimentaria.
Urgente. Para Zegarra, la inacción en el sector agrícola hace peligrar la seguridad alimentaria.

Eduardo Zegarra, economista agrario e investigador, responde sobre la posibilidad de que, en los siguientes días, haya un problema de desabastecimiento. Según su mirada, este riesgo existe. El problema, añade, es que el gobierno no ha atendido a la agricultura como una parte fundamental del sector productivo.

¿Hay riesgo de desabastecimiento de alimentos?

No se han mostrado tendencias claras en este primer mes de la emergencia porque las cosechas provienen de las decisiones de hace seis y ocho meses, lo que ha permitido que la pequeña agricultura enfrente de manera adecuada este periodo. Sin embargo, ha empezado a haber serios problemas en la cadena de abastecimiento, sobre todo, en los propios productores que atraviesan una situación delicada.

¿Qué problemas?

Uno es el encarecimiento del transporte, porque los transportistas no tienen mercadería para llevar de ida y, por tanto, se ha duplicado el costo del flete. Otro es que los transportistas ya no llegan a donde antes llegaban porque no es rentable. Sí se ha visto que, sobre todo en los últimos diez días, ha empezado a reducirse un poco el abastecimiento de algunos alimentos, como frutas y hortalizas.

¿Y eso podría generar alza de precios?

Así es, empieza a verse el incremento de precios en ciertos rubros. No se sabe si eso se va a mantener, pero podría estarse gestando un desabastecimiento ante la poca acción del gobierno de trabajar en las cadenas agroalimentarias. Hasta ahora no ha habido una medida significativa en los procesos de comercialización de alimentos.

¿Se está a tiempo de evitar un posible desabastecimiento?

Sí, por supuesto. Hay que empezar a trabajar de inmediato con los gobiernos municipales, mercados mayoristas, comerciantes y transportistas para generar condiciones adecuadas del comercio de alimentos. El gobierno no ha dado ninguna medida específica para intervenir y regular los procesos de abastecimiento a las ciudades. Yo creo que el riesgo del desabastecimiento va a ir aumentando con los días. Y otro riesgo, más grave, es que los transportistas y acopiadores son un vector de contagio. Nadie está controlando eso, y puede hacer que el virus ingrese en zonas rurales y agrarias.

El ministro de Agricultura, Jorge Montenegro, dijo ayer que se ha dispuesto que no se detenga el abastecimiento, previa coordinación con gremios. ¿Qué piensa?

Lo escuché. Hay cosas que preocupan. Uno, no sabemos cuáles son esas medidas. Dos, ha dicho que se ha coordinado con gremios pero, hasta donde sabemos, Conveagro dice que no es así desde hace un buen tiempo. Y tercero, ha hablado a la ligera de un bono de reactivación, pero el que plantean los agricultores es uno productivo, de carácter económico. Hay una confusión, como si el ministro no entendiera qué se está solicitando.

¿El tema agrario vuelve a estar en los últimos niveles de prioridad?

Sí. Ha sido tangencialmente tocado por ahí, aunque no se aprecia un tratamiento sistemático como un sector productivo fundamental. No se han definido medidas concretas de apoyo al sector agrario ni de protección a los productores agropecuarios. Ese es un enorme vacío en la estrategia del gobierno. Lo que estamos haciendo con eso es poner en riesgo la seguridad alimentaria del país en los siguientes seis meses.

¿Qué sugiere para revertirlo?

Es momento de que se cree un comité especial de emergencia agrario-rural para que se trabaje en la parte sanitaria y productiva. No hay un espacio ni de representación ni de solución. Insisto, se está gestando un problema de desabastecimiento, incluso en el corto plazo. Hay rubros seriamente desatendidos y en las siguientes dos o tres semanas veremos aumentos de precios, especulación y complicaciones logísticas.

Se han visto aglomeraciones en los mercados. ¿Se pueden evitar?

Ese es otro vacío en la estrategia del gobierno, que ha centrado todo en la inmovilidad de las personas, sin embargo, estas tienen que salir a comprar alimentos, sobre todo, las de pocos recursos, que tienen la necesidad de salir casi a diario. Y es inevitable que salgan y se junten en los mercados de abastos. Hasta ahora no ha habido ninguna orientación sobre cómo regular eso. No hay protocolos. Por ejemplo, Lima tiene 1.225 mercados de abastos.

¿Fracasó la estrategia de división por géneros?

Es complicado evaluarlo, aunque creo que lo que más incide en las aglomeraciones es tener días de inmovilidad completa, porque luego una parte importante de la población debe salir a abastecerse. El asunto no es de género, el asunto es cómo organizamos a la gente. Es como si se quisiera resolver todo dejando a las personas en sus casas.

¿Qué le parece que el gobierno haya aprobado la suspensión perfecta de labores?

Cargar el costo de la crisis a los trabajadores es una pésima idea. Muchas empresas están en capacidad de cubrir las planillas de uno o dos meses y, al mismo tiempo, tienen activos y opciones de defenderse. El Estado podría apoyar ese proceso, pero no desprotegiendo al trabajador, sino dándoles opciones a esas empresas para que tengan liquidez. Ahora se ha desprotegido al trabajador, la parte débil de la negociación, y encima va a tener que usar sus propios recursos para mantenerse.

 

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