Fuente: La República

MAESTRA. Gisella Orjeda está orgullosa de sus estudiantes en San Marcos. “Son estupendos”, afirma.  Foto: Jorge Cerdán
MAESTRA. Gisella Orjeda está orgullosa de sus estudiantes en San Marcos. “Son estupendos”, afirma. Foto: Jorge Cerdán
Bióloga. Catedrática universitaria. Expresidenta de Concytec. Expresidenta de Inaigem.

Hace unas semanas, el famoso científico británico Richard Dawkins compartía un tuit en el que, en clave de humor, explicaba por qué los hombres de ciencia tardarán buen tiempo en encontrar una vacuna contra el coronavirus. Se trataba de un diálogo con un colega en el que le preguntaba el porqué de esa demora. “Pruebas de seguridad”, le respondía su interlocutor. Dawkins insistía: “¿Pero por qué no relajar los criterios de seguridad en una situación como esta?”. Su colega retrucaba: “Estoy de acuerdo. Si ganamos, seremos héroes. Pero si matamos gente seríamos un regalo para los antivacunas”. ¿Es posible que haya alguien que en medio de esta crisis espere secretamente que los científicos fracasen en su búsqueda de una vacuna? Buscamos a Gisella Orjeda, expresidenta de Concytec, extitular de Inaigem, bióloga y catedrática universitaria, para responder esa interrogante. Sus respuestas resumen la situación real de la ciencia en nuestro país, señala cuáles deben ser nuestras prioridades, y advierte de lo que está por venir.

¿Hay algo que despierte su optimismo en estos días?

Sí, pero no es nada ligado al mundo exterior. Mis nietos, probablemente (sonríe).

Es un momento estelar para la ciencia y los científicos, nadie podría decir hoy, que son profesionales prescindibles. Por el contrario, se esperan de ellos respuestas, soluciones y una vacuna.

Bueno, yo lamento que hayamos tenido que esperar a una pandemia para que la gente se dé cuenta de aquello que los científicos venimos diciendo hace tiempo: “Estados, por favor, inviertan en ciencia, tecnología, innovación tecnológica y educación superior”. Ese es el reto del Perú. Ya hemos visto que se puede gastar en estas materias un porcentaje mayor del PBI, saliendo al exterior y endeudándonos. ¿Por qué no lo hicimos antes? ¿Te imaginas que lo hubiéramos hecho antes de la pandemia? No entiendo la lógica de esto. La pandemia solo ha puesto en evidencia un aspecto de las necesidades del Perú: la salud. Pero hay muchos más. Son cosas en las que gastamos todos los años. El friaje, por ejemplo, que afecta a tanta gente. Los aluviones, las carreteras, el sistema de transporte en Lima. Y no solo es cosa de organización, es necesidad de estudio y soluciones basadas en evidencia.

En algunos países se ha vuelto popular la figura de consejero científico que acompaña al líder político. Se da en Estados Unidos, con la presencia del doctor Anthony Fauci al lado de Donald Trump, o de Christian Drosten, junto a Angela Merkel, en Alemania. ¿Qué tan importantes son figuras así, que no se ven en el Perú?

En el Perú también existe esta figura pero no se toma en cuenta. En realidad, uno de los roles de Concytec (Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica) es el asesoramiento político del presidente de la República, está en la ley.

En todo caso, es interesante que en este momento Concytec no se muestre públicamente junto al presidente.

Lo que pasa es que Concytec no tiene científicos en este momento, ha dejado de contratar científicos en las diferentes áreas. Tenía los gerentes de programa, y cada uno lideraba un equipo de científicos en ambiente, en materiales, en biotecnología, etc. Eso ha sido desactivado. Es lamentable que se hayan desactivado los programas nacionales, porque una de sus misiones era organizar todo lo que se tenía que hacer en las diferentes temáticas. Por ejemplo, en biotecnología estaba biotecnología en salud, que debía promover la fabricación de vacunas, sistemas de diagnóstico, etc. Pero la gestión actual no ha comprendido de qué se tratan los programas nacionales.

Yo le hablaba de estas figuras que acompañan a los líderes políticos, que son muy populares, pero que también enfrentan algunos cuestionamientos. El doctor Drosten, de Alemania, decía por ejemplo, que hay gente que está atenta a lo que dice y lo respeta, pero que por otro lado hay quienes lo ven como “el malvado que está paralizando la economía alemana”.

A ver, esas personas que acompañan a los presidentes son solo la cara de un equipo grande. Drosten no sabe sobre todo. Tiene gente que está pendiente de los aspectos epidemiológicos, por ejemplo. Y acompaña al gobierno en un tema puntual. Pero además no hay que olvidar que Alemania tiene un tejido científico gigantesco. Su caso es muy interesante, ellos tienen lo que se llama “asociación”. (El Instituto) Max Planck, por ejemplo, es una asociación. Recibe financiamiento del estado pero funciona como un privado. Y como ellos trabajan una serie de proyectos, aparte del financiamiento del Estado, son contratados por la industria. Su financiamiento es 70% privado y 30% del Estado. Pero eso no nació así. Se llegó a eso.

Me quedó una pregunta. ¿Es justo culpar a los científicos porque se ha paralizado la economía mundial por la cuarentena?

No. Nosotros no tenemos culpa de la cuarentena. La culpa la tiene el virus. Y no solo el virus. En realidad la culpa la tiene la destrucción que se está haciendo de los hábitats. Acá tenemos una gran oportunidad, en el Perú y el mundo, de dirigir nuestras investigaciones a la temática ambiental. Estos virus, que han atacado últimamente -me parece que ahora hay otro en Indonesia, que mata caballos- surgen porque los hábitats de los animales silvestres están siendo totalmente degradados y fragmentados. Entonces se está produciendo mucho más contacto entre estos animales y los humanos.

Lo que llaman las enfermedades zoonóticas.

Claro. Las enfermedades zoonóticas van a abundar. Los animales silvestres son un repositorio inmenso de virus. Imagínate la Amazonía, con la cantidad de animales que tiene. Y no sé si recuerdas que el año pasado subimos al Huascarán.

Sí, claro. Tuvieron una expedición.

Bueno, en el hielo del Huascarán uno de los estudios que se va a hacer con Ohio State University y espero que con Inaigem (Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña), es para saber qué bacterias y virus están congelados allí desde hace 20 mil años. Porque con el deshielo de nuestros glaciares, esos virus van a salir nuevamente. Acá hay materia de investigación, acá hay ciencia, lo que se llama moonshot science. Esto término surgió cuando el presidente Kennedy dijo que los Estados Unidos iban a llegar a la Luna. Con el impulso de ir a la Luna, empresas, universidades, grupos científicos, empezaron a trabajar y desarrollaron alimentos, tecnología, etc.

Porque tenían un objetivo nacional.

Precisamente. Y se llama moonshot porque se juega con la idea de que es algo futuro e inalcanzable. Y en realidad, el mundo, hoy día, tendría que apostar por la ciencia y también por el ambiente, allí está nuestra salud. No te quiero decir que yo soy una ambientalista. Pero es innegable que hay una correlación muy estrecha entre lo que ocurre y el daño al medio ambiente.

Así que los nuevos virus podrían estar en la degradación de hábitats.

No, quítale el podría. Va a ocurrir. Es un futuro cierto. No es una duda.

Si esto va a pasar, ¿en qué temas puntuales debería trabajar el Perú en materia de ciencia?

Todo eso estaba en los programas nacionales de Concytec que te mencioné. Se trabajó en materiales, en biotecnología, ambiente, en tecnologías de la información, y en valorización de la biodiversidad. Esos eran los programas de Concytec y se establecieron prioridades.

¿Cuáles eran esas prioridades?

A ver, en biotecnología una de esas prioridades, aprobada en 2015, y que empezó en 2016, fue desarrollar vacunas, nuevos métodos de diagnóstico. En materiales, por ejemplo, se decidió utilizar nanotecnología para elaborar textiles antisépticos y antibióticos, utilizar el cobre y la plata, que en una forma nano adquieren nuevas características. Y nuestro país es riquísimo en materiales.

Siento que me está diciendo que se planificó hacer todo lo que se necesita ahora.

Exactamente. Y todo eso se paralizó.

He visto en Twitter que ha hecho una afirmación interesante: “La ciencia debe guiar las decisiones políticas, en todo y no solo en salud”. ¿Es eso posible en el Perú?

Es cuestión de decisión política. Y esto viene de dos lados. Por un lado debe haber un presidente que piense y sienta que la ciencia nos puede ayudar. Por el otro lado, la gente tiene que estar convencida, y para eso sirve la popularización de la ciencia. Tenemos que transmitirle a la gente que la ciencia es importante porque va a tocar sus vidas, así como este problema nos afecta a todos.

¿Diría que a partir de esta experiencia habrá más chicos interesados en ser virólogos, infectólogos o inmunólogos?

Esta podría ser una oportunidad. Pero depende de que las autoridades lo vean así. Lo que no se puede negar es que ha quedado clara la precariedad de nuestro sistema de salud. Y pasa lo mismo con el transporte. Ahora que he vivido en Huaraz, en un año y medio dos personas que trabajaban conmigo tuvieron accidentes. Es un peligro. Y en los hospitales no hay material adecuado. En las clínicas no había hielo.

Hay gente que no cree en la ciencia, la cuestiona, piensa que las vacunas no funcionan. Hoy esa gente está en silencio.

Bueno, el problema allí es la educación. No nos entrenan, en términos generales, a creer basados en evidencia. Nos enseñan a creer basados en nada.

¿En fe?

Bueno, yo creo que la Iglesia Católica tiene mucha responsabilidad en esto. Y por eso los estados son laicos. Recuerdo mucho que tuvimos un problema con algunas comunidades en Huaraz que creían que habíamos encontrado oro y plata en la nieve del Huascarán. Y que íbamos a vender la nieve a China y Estados Unidos.

¿Vender nieve? ¿Eso creían?

Sí, claro. Y se levantaron. Eran como quinientos comuneros. Alguien los convenció de eso. Yo conversaba con ellos. Les explicaba lo que hacíamos. Y ellos me respondían: “Me hablas muy bonito porque te han entrenado para mentirme, pero yo siento que me estás mintiendo, por lo tanto me estás mintiendo”. Esas eran sus palabras. Ya te digo, la gente no está entrenada en captar la lógica, hechos, evidencias. La gente no sabe que las evidencias nos llevan a tomar decisiones, no lo sabe.

O quizá es impopular creer en las evidencias.

No, la gente no lo capta. Toma decisiones basadas en emociones.

¿Siente que hoy mismo puede haber gente tan necia que espera que la ciencia falle, por ejemplo, en encontrar una vacuna?

Lo que pasa es que esta gente tiene un aparato de publicidad muy fuerte. Pienso por ejemplo en Deepak Chopra, un gran estafador, un gran embaucador, que tiene una maquinaria de propaganda inmensa, y mezcla palabras científicas con cosas metafísicas.

Pseudociencia.

Totalmente. Y la gente le cree. ¿Y por qué le creen? Porque tienen una educación muy mala. No tienen idea de nada en ciencia. No se imaginan cómo es una célula. No saben qué cosa es una población. Entonces, tenemos que mejorar la plana docente en ciencias de los colegios. Y para lograr eso tenemos que mejorar las universidades, porque de allí salen los profesores.

El año pasado fue intenso para usted. Estuvo en la Antártida y lideró esta expedición al Huascarán. Más allá de las investigaciones puntuales, ¿qué fue lo más gratificante de estas experiencias?

A ver, cuando fui a la Antártica se cumplían los 500 años del descubrimiento del Estrecho de Magallanes. Y justo un mes antes de partir yo estuve con mi hija, que vive en Alemania, y ella estaba leyendo la historia de Magallanes. Yo atrapé su libro sin saber todavía que iba a ir a la Antártica y lo leí todo. Y de pronto yo estaba allí, atravesaba en buque la mitad del estrecho, porque partimos de Punta Arenas (en Chile), y me decía: Estos mismos lugares fueron los que recorrió Magallanes sin saber por dónde ir. Eran lugares increíbles. Eso hizo que admire mucho más a este navegante.

Por esta cosa intrépida de desafiar lo desconocido.

Bueno, los navegantes antiguos usaban mucha ciencia. Se guiaban con las estrellas, tenían conocimiento de las profundidades, de las corrientes marinas, los vientos. No se lanzaban así nomás. Ese momento fue emocionante.

¿Y en el caso del Huascarán qué le sorprendió?

La fortaleza de la gente que subió a la montaña, el sacrificio del personal de Inaigem, porque llegaron hasta la cumbre. Descubrir a esos profesionales fue lo más emocionante.

¿Qué es lo mejor de ser maestra e investigadora en una universidad pública, en San Marcos?

Yo sigo en Cayetano, aunque estoy con licencia sin goce de haber. Pero, a ver, después de lo de Concytec me picó el bicho del servicio público. De pronto se abrió este concurso en San Marcos, para ser profesora principal, y decidí postular, y entré. Yo la verdad estoy feliz con la experiencia. Quiero comentarle algo de los estudiantes. Los profesores somos seres humanos y a veces estás muy bien y dictas tu clase. Pero en otras ocasiones puedes estar de mal humor e igual debes dar clase. Pero si vas a San Marcos a dictar clase y estás de malas, igual sales de buen humor.

¿Cómo es posible?

(Sonríe) Porque los estudiantes son estupendos, inteligentes. Leen, se interesan en la temática, hacen preguntas interesantes y dan todo de sí. He tenido estudiantes en clases equivalentes, unos 70, por poner un ejemplo. De esos 70, unos siete son brillantes. En San Marcos, de esos 70, unos 50 son brillantes. También están mis colegas. Son interesantísimos. Tienen buenas ideas, conocimientos, me encanta hablar con ellos. Pero, claro, San Marcos también tiene muchos problemas originados por años de abandono.

Eso es interesante. Siempre se dice que la universidad pública está tan descuidada que incluso el mismo Estado no recluta a sus cuadros, que prefiere a los de universidades privadas.

Bueno, el presidente del IGP es de la UNI, el presidente Vizcarra es de la UNI, yo soy de la Agraria. Pero sí, ciertamente la mayor parte de funcionarios de alto nivel son de la Católica y la Universidad del Pacífico.

Hay un tema allí.

Sí, no sé a qué se deba.

Hace tiempo le preguntaron cuál había sido el país que más la había marcado como científica y usted respondió que Vietnam, “por la calidad de su gente y su comida, y la belleza de sus sitios”, ¿cómo fue que Vietnam la marcó tanto?

Lo que pasa es que yo trabajé mucho en genética de plátanos. Y así como el Perú es el lugar de origen de la papa, Vietnam lo es de los plátanos. Por eso viajé muchas veces a ese país. Me gustó mucho el nivel de sus científicos, aunque yo solo conocí a un grupo de ellos, los que trabajaban conmigo. Y es un lugar maravilloso. Habría que verificar ese dato, pero Vietnam está siguiendo los pasos de China, en mandar a sus estudiantes a hacer sus doctorados fuera del país.

Además han frenado el avance del virus.

No he estado siguiendo mucho eso, estoy ocupada con temas internos, preparando mis clases, que serán virtuales, y estoy enfocada en dos proyectos de investigación, limito mi tiempo para recibir información.

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