Fuente: Lenin Nazario Tilirio

Opinión. Por Lenin Nazario

Natalia Málaga le ha dicho a una señora que debe coserse la vagina para que no tenga más hijos, porque después gente como ella se preocupa en llevarles cosas para ayudarles. Le pide que no sean inconscientes. La legión de subnormales le ha regalado aplausos. Algunos han dicho que no era la forma pero que es verdad. Hasta ahí llegan, sus cerebritos no les alcanza para más, no pueden ver y analizar más allá de sus narices.

En un país pobre y atrasado como el Perú, existen múltiples factores por los cuales las mujeres tienen varios hijos. El primero es que no existe una educación sexual desde los colegios (y cuando la quieren hacer, aparecen los fanáticos de «con mis hijos no te metas» a joder). Como resultado del primer factor es que las personas no conocen muchos métodos anticonceptivos; ni siquiera los estudiantes de las universidades lo saben muy bien, ahora imeginen a una persona que no ha terminado ni la primaria porque la pobreza les impide todo tipo de avances en ese aspecto.

El segundo factor es que, en gran parte de la sierra del país, las familias son numerosas porque así tienen la posibilidad de generar más trabajo, y esto les facilita mucho la vida porque logran satisfacer sus necesidades básicas. Si son jornaleros o si tienen su parcela, el trabajo en grupo les facilita sus faenas. Entre los otros factores están los esposos machistas que no permiten ningún método anticonceptivo para su pareja, y ella, sumisa y avergonzada tampoco va a la posta médica.

Entonces, ese discurso, en apariencia verdadero, no es más que una muestra de un profundo desprecio por los pobres, un discurso totalmente misógino y clasista. Si el estado cumpliera su rol, el de garantizar mínimamente el servicio de salud y educación de calidad, la realidad sería distinta. Por ejemplo, la gente no tendría que gastar en pagar clínicas, medicinas, y colegios particulares para sus hijos y les alcanzaría para sus comodidades y no tendrían que soportar a gente como Natalia que se cree con autoridad para hablar así a mujeres que no han tenido la suerte de nacer con privilegios.
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Entre los discursos que más he visto son: 1- los «ambientalistas»: estos se preocupan tanto por el medio ambiente, dicen que mientras menos gente haya, es mejor para el planeta. estos son los ecofachitos, porque como dice Jimena Ledgard, los hijos de las familias ricas al consumir más, contaminan y hacen más daño al planeta, pero nunca vas a ver a alguien gritarles lo mismo a sus madres que andan en las clases de yoga en San Isidro. (La «deportista» sabe con quién lo hace). 2- Y los otros, los más comunes, los que creen ser dueños de bancos, aquellos que no quieren que sus impuestos se gasten en «irresponsables e ignorantes», que tienen muchos hijos para que luego esten pidiendo ayuda al Estado. ¿Ustedes creen, que esta gentita se pronuncia siempre cuando el estado da beneficios tributarios a las grandes empresas, tanto así que hasta parecen subsidios encubiertos? Son alienados hasta los huesos.