Fuente: ¿Hablamos de igualdad? (BID)

Salir de la violencia de género: un triple salto para las mujeres. Por Nidia Hidalgo

Barreras de acceso servicios violencia contra la mujer
Foto: ¿Hablamos de Igualdad?

“Se trató de algo sin importancia”, “no lo creyó necesario”, “miedo a su pareja o las consecuencias” o “por vergüenza” son las principales razones que reportan las mujeres que sufren violencia de género para no buscar ayuda frente a esta situación.

Según los datos de varias encuestas en los países de América Latina y el Caribe, entre el 50% y el 80% de ellas no busca ayuda de ningún tipo. Cuando la buscan, lo hacen principalmente en familiares y amistades, y un porcentaje reducido lo hace en las instituciones públicas. Por ejemplo, en El Salvador, solo 10% busca apoyo institucional y únicamente 6% interpone una denuncia. De los distintos grupos de edad, las que menos buscan apoyo, son las adolescentes (15-19 años).  Por lo que esto constituye uno de los principales desafíos para dar una respuesta efectiva a la violencia contra las mujeres.

Búsqueda de ayuda por parte de las mujeres que sufren violencia de género

¿Cuáles son las dificultades que enfrentan las mujeres al tomar la decisión de buscar apoyo? Las Ciencias del Comportamiento nos aportan una explicación de las barreras sociales y psicológicas que deben vencer y que se asocian con las razones mencionadas por ellas para no emprender esta búsqueda. Exponemos a continuación algunas de estas barreras.

Se trató de algo sin importancia o no era necesario

Muchas mujeres no le dan importancia a la búsqueda de apoyo, porque la violencia de género se percibe como una conducta “normal” a nivel de la sociedad. Las normas sociales de tolerancia a la violencia hacen que las personas y las instituciones, en la mayoría de los casos, no actúen y no sancionen a los agresores. Por otro lado, las mujeres que viven violencia ven que otras que pasan por lo mismo no buscan ayuda. Estas dos situaciones refuerzan la idea de que no es necesario o carece de importancia solicitar el apoyo correspondiente.

De igual manera, no piden asistencia porque no logran identificar que están experimentando violencia, ya que nuestro comportamiento es guiado por las imágenes que más fácilmente recordamos. Las Ciencias del Comportamiento definen a este fenómeno como el sesgo de la disponibilidad. Así, las imágenes que se han posicionado a través de narrativas y campañas de comunicación que usan principalmente imágenes de mujeres adultas, tienen como consecuencia que las adolescentes o adultas mayores piensen que esta problemática no tiene nada que ver con ellas; o si estas imágenes ilustran formas de violencia extrema (en buena medida violencia física o femicidios/feminicidios), las mujeres no creen necesario buscar apoyo al experimentar actos de violencia menos extremos, sutiles o no tangibles, como por ejemplo, la violencia emocional y la económica.

Por vergüenza

A nivel social, existe un estigma arraigado que coloca la carga de vergüenza y la culpa en las mujeres que sufren violencia de género. Dicho estigma se sustenta en las respuestas que ellas reciben de personas cercanas e instituciones al revelar su historia de violencia. En muchas ocasiones, centran la responsabilidad en las víctimas y no en los agresores, en su falta de autoestima, su situación de salud mental (es histérica o está loca) y en su comportamiento (forma de vestirse, hora de estar en la calle, forma de responderle a la pareja, entre otras). Esto conlleva que las mujeres eviten visitar centros de atención de la violencia por miedo a sentirse cuestionadas, juzgadas o ser culpabilizadas.

Miedo al agresor o las consecuencias

Las Ciencias del Comportamiento establecen que sentimos tremenda incomodidad por la incertidumbre, y que preferimos riesgos conocidos a los desconocidos. Entre otras palabras, “preferimos lo malo conocido a lo bueno por conocer”.

¿Qué implica esto para la búsqueda de apoyo por parte de las mujeres maltratadas? Desde su vivencia, el miedo a las consecuencias y a las represalias asociadas a esta búsqueda podría ser mayor al que experimentan de forma cotidiana por los abusos de sus agresores. No saber exactamente lo que sucederá, el grado de confidencialidad, los costos económicos, el tiempo que deberán invertir, la afectación que tendrán sus hijos e hijas, los riesgos a su integridad física y el nivel de control que tendrán una vez que hayan contactado a una institución solicitando apoyo, son aspectos que les impide emprender acciones encaminadas a buscar los servicios de atención.

Emprender estrategias diferentes para tener resultados distintos

¿Cómo podemos mejorar las respuestas a la violencia de género para fomentar que más mujeres se acerquen a los servicios correspondientes? Existen múltiples estrategias, entre ellas se pueden destacar las siguientes:

  • Mejores campañas de comunicación. Las campañas deben tener mensajes concretos basados en las realidades de las mujeres que de manera cotidiana sobreviven a las diversos tipos y modalidades de violencia. Sus objetivos tendrían que enfocarse en erradicar las normas sociales y el estigma que impiden a las mujeres tomar la decisión de buscar apoyo, y a su vez, usar imágenes que representen la diversidad de mujeres y las diferentes expresiones de violencia, sobre todo haciendo énfasis en aquellas que son más comunes y difíciles de identificar.
  • Mejor promoción de los servicios. La promoción de los servicios de atención existentes debe tener indicaciones de dónde y cuándo acudir, y qué pasos involucra el proceso, así como un llamado claro a la acción. En este caso, buscar apoyo.
  • Mejor calidad en la atención. Deconstruir el estigma que cargan las mujeres por sufrir violencia también pasa por mejorar la calidad de los servicios. Las personas que están en la primera línea de contacto deben tener la capacitación y contar con protocolos claros, para evitar enfoques arriesgados de atención que coloquen la vergüenza y la responsabilidad de la violencia en quienes la sufren. Elementos fundamentales son la calidez en el trato y la información clara, veraz y oportuna que se les proporcione a las mujeres.

Es importante tener presente que, cuando una mujer llega a un centro de atención o toma contacto por otras vías para pedir apoyo, ella ha tenido que vencer muchas barreras, y las personas y funcionariado de las instituciones a las que acude deben mostrar empatía y flexibilidad. Eliminemos los obstáculos, los juicios y prejuicios para que no desista de seguir su camino para salir de la violencia, y respetemos sus decisiones en este proceso, porque llegar allí, más que un primer paso, ha sido un triple salto.

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