Fuente: El País

De TikTok a las calles: la generación que reclama un nuevo PERÚ

Foto: captura de Tik Tok. Arroyo, Fowks y de Miguel

Así son los jóvenes que, en medio de una pandemia que lo paralizó todo, impulsaron las protestas que provocaron la salida de Manuel Merino del poder. Lorena Arroyo, Jacqueline Fowks|Teresa de Miguel. Lima / México

A la indignación no la frena una pandemia. La amenaza del contagio, por el contrario, parece haber marcado los límites de lo tolerable en términos colectivos: así lo han demostrado este año el movimiento contra la discriminación racial y la brutalidad policial del Black Lives Matter en Estados Unidos, las manifestaciones contra la corrupción en Guatemala, las concentraciones inéditas en Cuba y las protestas masivas en Perú, un país donde el hartazgo ciudadano tuvo un impacto más inmediato. Organizados a través de las redes sociales, miles de jóvenes salieron de manera espontánea a las calles de Lima y las principales ciudades a principios de noviembre sin más banderas que la peruana para pedir la renuncia del presidente Manuel Merino. No llevaba ni una semana en el cargo: era uno de los congresistas que votaron para vacar a Martín Vizcarra en medio de una crisis sanitaria que ha dejado más muertos por habitante que en ningún otro país de la región y una caída brutal de su economía.

“Brother, ya basta”, pensó Pleito —quien dio su testimonio a condición de mantener el anonimato— mientras se organizaba con sus amigos para salir a la calle. Para él, lo que pasó el 9 de noviembre fue la gota que colmó el vaso. “Nadie estaba a favor de Vizcarra. Era el hartazgo de la gente con el Congreso, era la respuesta a sentirnos burlados”, afirma este arquitecto y músico de 32 años que, días más tarde, cuando se recrudeció la represión a las protestas, fue parte de una de las brigadas que se encargaban de desactivar bombas lacrimógenas.

La destitución de Vizcarra fue una provocación para gran parte de la población peruana, pero para los más jóvenes fue una afrenta directa: muchos de los que participaron de las movilizaciones vieron en esa jugada el desprecio de unos políticos dispuestos a cualquier cosa con tal de conservar sus privilegios y defender intereses particulares (entre ellos, el negocio de las universidades privadas, que lucra con el futuro y sus deseos de progreso).

Para seguir leyendo, puede hacerlo en este enlace