Tomado de: El Comercio

“Se ha señalado que lo hecho por Málaga y su red resume nuestro bicentenario y no estoy de acuerdo”.

Germán Málaga, responsable de los exámenes médicos de la vacuna Sinopharm.
Germán Málaga, responsable de los exámenes médicos de la vacuna Sinopharm.

“No se trata de privilegios, se trata de que así funcionan las cosas”, declaró el inefable Germán Málaga, quien con una irresponsabilidad que, aunada al delito y a la traición al juramento hipocrático, ha petardeado a la Universidad Cayetano Heredia, a una casa de estudios de 469 años como lo es San Marcos, a la bicentenaria Cancillería y poniendo, además, en vilo a una república –cuestionada ahora en su esencia– y cuyos ciudadanos mueren a diario por la falta de oxígeno, medicina y cuidado.

Difícil escribir una columna desde la congoja que genera un proceder que –vale la pena subrayarlo– es sistémico, porque se expresa a diario en una sociedad atravesada por un sinnúmero de privilegios y traiciones. Considero, sin embargo, que de este inmenso dolor, ante un daño tal vez irreparable, deben surgir algunas reflexiones que ayuden a descifrar lo que a todas luces es una tragedia nacional. Esta consiste en el accionar de un reconocido médico (brazo armado del ‘Big Pharma’) traficando con la vida, de la mano de un expresidente amoral y una ministra de Salud que miente sin parpadear. En la trama macabra no faltan diplomáticos (uno incluso apodado el zar de las vacunas), académicos, una lobista, que rara vez se pierde una oportunidad de sacar ventaja, el representante de una Iglesia que pide a gritos una reforma estructural y decenas de servidores públicos, algunos hasta con esposas, hijos y allegados.

Aunque se pide discreción respecto a una investigación cuestionada, no en su esencia sino por el uso de las vacunas con fines distintos a ella, no se puede dejar de mencionar en esta historia tétrica a la geopolítica. Y es aquí donde aparece el espectro del ‘Big Pharma’ chino que, indudablemente, promociona proyectos científicos ajenos a una ciencia que sirva a los verdaderos intereses del Perú. Al igual que millones de compatriotas que aman incondicionalmente este lugar donde nos tocó nacer y donde fuimos arropados por una cultura milenaria, que es la que nos da la fuerza para seguir resistiendo, resulta imperdonable que Málaga le pida perdón a su hija, sin tener en consideración el impacto de su accionar en el buen nombre de una nación con treinta millones de habitantes con la muerte en la puerta de su casa.

A partir de un proyecto de investigación, mediado por intereses externos, que además llevó a cabo sin control alguno, pero con la buena fe y generosidad de doce mil compatriotas, el médico arequipeño formó parte de un sistema de prebendas que, con una absoluta falta de ética y de respeto por la ciencia, traficó durante meses con el derecho constitucional a la vida. Contraviniendo los protocolos del caso e, incluso, llevando a cabo experimentos propios de una mente perturbada por la omnipotencia. Málaga ha denigrado la memoria de Cayetano Heredia, cuyo nombre lleva el lugar donde ocurrió esa investigación desafortunada de la cual queda mucho aún por averiguar.

Hijo del mérito, a pesar de su humilde origen, y eternamente recordado por el cuidado a los enfermos, contagiados por la peste en los albores de la república, así como por esa autopsia que con profundo dolor realizó en el cuerpo inerte de José Faustino Sánchez Carrión, Heredia, piurano de nacimiento, es uno de los grandes de la medicina peruana. Una ciencia que el mulato José Manuel Valdéz ennobleció y que en la actualidad es representada por el cuerpo médico que sigue produciendo ciencia y sacrificándose en medio de la pandemia. No en vano tienen a Daniel Alcides Carrión, un sanmarquino originario de Cerro de Pasco, como el paradigma del juramento hipocrático y la investigación en aras del bien común.

Se ha señalado que lo hecho por Málaga y su red resume nuestro bicentenario y no estoy de acuerdo. Eso sí, muestra el lado oscuro de una república que, de acuerdo con Sánchez Carrión, debía descolonizar sus costumbres, entre ellas bajarle la cabeza a un señor. Porque fue eso justamente lo que hizo Málaga ante Vizcarra para preservar su privilegio en el mundo de los vasallos y no de los ciudadanos donde ambos habitan. Un mundo que afortunadamente no es el de todos los peruanos que seguimos luchando por construir una república de iguales donde el privilegio de uno es la gran traición contra el bienestar de nosotros.

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