Tomado de: Noticias SER.PE

¿Amenaza comunista en el Perú? Por Julio Failoc

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Las posibilidades electorales de Pedro Castillo han puesto en alerta al establishment, a tal punto de haber lanzado una campaña sobre los riesgos del comunismo y de la venezolanización del Perú –haciendo referencia al modelo económico del chavismo– en el caso de que Perú Libre gane las elecciones presidenciales.

La campaña del miedo acentuada con los letreros luminosos en Lima, la exigencia de la renuncia de Clara Ospina de América TV para iniciar una supuesta demolición de Castillo y favorecer a Keiko Fujimori, el manoseo de algunas encuestadoras para influenciar en los electores y la hipótesis de un golpe de estado planteada por nuestro Nobel Mario Vargas Llosa, son indicios de que hay un evidente temor de los grupos de poder frente a un triunfo de la izquierda.

Es difícil diferenciar cuánto de motivación real o de simple campaña aterrorizante lleva a estos sectores a hacernos creer que “Un fantasma recorre Perú: el fantasma del comunismo”, parafraseando la famosa frase con que inicia el Manifiesto Comunista –elaborado por Carlos Marx y Friedrich Engels– en que exponen el pensamiento marxista, sus bases teóricas políticas, sociales y económicas.

Pero ¿será cierto que la llegada al gobierno de Castillo sería una amenaza comunista en el Perú?, según el Manifiesto Comunista, esto solo es posible mediante la toma del poder. Pero gobierno y poder no son lo mismo, hay un tránsito muy largo entre el primero y el segundo; el poder exige una correlación de fuerzas favorable, no solo política, sino también militar y principalmente del desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. Es decir, Castillo podrá tener el gobierno, pero no el poder.

La historia ha demostrado que la desaparición de la propiedad privada y el triunfo de la revolución comunista es una utopía en el Perú, incluso desde la teoría marxista leninista. Nada más lejos de que suceda en caso de que el profesor Pedro Castillo ganara las elecciones presidenciales.

Por ello esta campaña alude a la opción chavista o la de Evo Morales que llegaron al gobierno mediante las elecciones y que se enquistaron en el poder por varios períodos, tal como podría suceder con Castillo; pero, como enuncia Farid Kahhat –“Todo lo que tememos de Castillo, Fujimori ya lo hizo”1– aludiendo al gobierno de Alberto Fujimori, pero eso sería posible si el profesor tuviera una mayoría en el Congreso y la composición del Congreso electo lo aleja de esta posibilidad.

Tanto Evo como Chávez (ahora Maduro) tuvieron una mayoría aplastante en el parlamento, además de una organización poderosa con una base social popular muy fuerte, lo que ni remotamente tiene Castillo. Disolver el Congreso a la mala es una posibilidad también muy remota, porque no tiene a las fuerzas militares de su lado. El comunismo o el chavismo, que le achacan al profesor Pedro Castillo, no tiene sustento por su inviabilidad.

Por el contrario, si realmente quiere hacer las reformas que plantea en materia económica y social, está obligado a establecer un gobierno de unidad nacional.

Desde esta columna advertimos que Castillo es la expresión más clara de una fractura y deuda social que la pandemia ha desnudado en su real dimensión; por lo que urge un nuevo pacto social para aplicar un modelo económico con mejores mecanismos redistributivos, que ayude a cerrar brechas.

El fantasma del comunismo solo recorre la cabeza de los que quieren que en este país nada cambie para mantener el status quo y los privilegios de una minoría, sin reconocer las profundas brechas que han llevado a la miseria a grandes mayorías en nuestro país.

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