Fuente: Público

Todos contra las mujeres en todo el mundo, por Cristina Fallarás

Una mujer con burka en Kabul (Afganistán). EFE/ Hedayatullah Amid
Una mujer con burka en Kabul (Afganistán). EFE/ Hedayatullah Amid

Sabemos lo que les sucederá, lo que les ha empezado a suceder a las mujeres en Afganistán. Sabemos qué son los talibanes, pero a menudo se alude a ellos en abstracto, como si fueran un mal abstracto con víctimas abstractas. Y no. Sus principales víctimas son las mujeres. Su siniestra ideología está construida contra las mujeres. Así de simple. Tienen muchos más frentes, por su puesto, pero ellas están en el centro de la devastación. Dejarán de existir como seres humanos, como lo que aquí consideramos seres humanos. Se les negará el derecho a ser personas. Serán cuerpos cubiertos con telas, en cárceles individuales cuya única celosía minúscula les permite no chocar con objetos y muros, nada más. Mirar desde detrás de su celda hecha manto. No podrán trabajar, por descontado, ni estudiar, ni llevar una vida fuera de sus domicilios, donde se acatará tales condiciones. Las niñas serán forzadas a matrimonios antes de su primera regla, las reventarán a la segunda con embarazos que sus menudos cuerpos son incapaces de soportar, serán violadas sin haber aprendido a jugar. Las mujeres serán asesinadas por pensar, por tratar de vivir, por respirar sacando la cabeza de cualquier sitio, de cualquiera. Su cabeza será objeto de violencia exterior e interior. Su desesperación valdrá menos que la orina de un perro y por ella perderán la vida.

Pero no se trata solo de Afganistán, no seamos cínicas, cínicos. Y para no herir las susceptibilidades de los idiotas, utilizaré a partir de ahora el término “inmensa mayoría”. Cada uno interprete lo que crea.

En la inmensa mayoría de los países asiáticos, las mujeres son ciudadanas de segunda, si es que son ciudadanas. Sus derechos están recortados, si es que existen. Las niñas dejan de serlo con la primera violación. Las ancianas, despreciadas y echadas al moridero.

En la inmensa mayoría de los países africanos y el sur del Mediterráneo, las mujeres son ciudadanas de segunda, si es que son ciudadanas. Se ejerce contra mujeres y niñas una violencia de afilado metal y penetración a palo y machete. Sus derechos, su mera posibilidad despierta un desprecio sin disimulos. O directamente no es algo que se pueda plantear.

En la inmensa mayoría de Latinoamérica, las mujeres son ciudadanas de segunda, si es que son ciudadanas. Son violadas y asesinadas camino de las maquilas, son víctimas de esterilizaciones forzosas, son violadas antes de menstruar, sufren una violencia machista crudelísima, física, económica, sanitaria, educativa, política.

En la inmensa mayoría de los países de Europa y los estados de EEUU, las mujeres padecemos una violencia machista constante que, además, se minimiza con la excusa de medidas que no funcionan y el victimismo de unos hombres incapaces de mirar a la cara su masculinidad levantada sobre las agresiones habituales, cotidianas contra nosotras. En “Occidente”, las mujeres y niñas violadas se cuentan por millones. Aquí surgen y medran cada vez más partidos de ultraderecha cuya principal base es la discriminación de las mujeres, la lucha por recortar nuestros derechos, el sometimiento de nuestros cuerpos y la negación de la violencia que se ejerce contra nosotras.

En la inmensa mayoría de los países del mundo.

El mundo entero ve extenderse y afianzarse un odio contra las mujeres que resulta aterrador. No es Afganistán, no son solo los talibanes. Si coloreáramos con un velo gris los territorios donde se ejerce violencia habitual contra las mujeres y las niñas, aquellos donde ni siquiera se nos considera sujetos de derechos, aquellos donde sencillamente nuestra vida vale menos que la de un animal, si lo hiciéramos, una atroz sombra cubriría la inmensa mayoría del mundo que habitamos. ¿Son los hombres conscientes de esta salvajada? ¿Son conscientes de que participan de ella?

Lamentablemente, se seguirá hablando en abstracto de una u otra ideología, de uno u otro régimen levantado contra los derechos humanos en abstracto.

En todas partes.

En el mundo entero.

Contra las mujeres cubiertas con el burka de la abstracción.