Tomado de: Manrique Guzman Arturo

EL POLVORIN NEONAZI EN UCRANIA – BATALLÓN AZOV: LA EXTREMA DERECHA NAZI TRAS ZELENSKY. Por Arturo Manrique

La ignorancia es atrevida. He leído o escuchado a mucha gente decir que la Rusia de Putin encarna la “amenaza comunista” y que la Ucrania de Zelensky enarbola la bandera de la democracia. Nada de esto es cierto. La Rusia de Putin, al igual que la China actual, es una potencia imperialista, un capitalismo de Estado que, además, se proyecta a ser hegemónico en el siglo XXI. El gran dilema por el que tendremos que optar en las décadas siguientes, a decir de Edgar Morin, es entre “sociedad – mundo” e “imperio – mundo”. El “imperio – mundo” se proyecta desde el este y tiene a China y Rusia, en alianza estratégica, como sus principales protagonistas. Ucrania, en cambio, es la cuna del nazismo del siglo XXI. Los vínculos con el nazismo en la derecha ucraniana no son nuevos. Fueron estrechos colaboradores de la Alemania hitleriana en la segunda guerra mundial y estuvieron involucrados con el exterminio del pueblo judío en los campos de concentración, en los que los guardias ucranianos eran no solo los represores, sino los encargados del gaseo de miles de víctimas, incluyendo mujeres y niños, dentro y fuera de su país. Actualmente, el gobierno de Zelensky es neonazi y eso incluye al Batallón Azov, que tiene como referente -y pretende reeditar- a las SS o Waffen SS, Nazi, que forma parte de las fuerzas de seguridad ucranianas. Este batallón se hace cargo de la persecución y exterminio de la población rusa y judía en territorio ucraniano. Este gobierno fascista, neonazi, opera con el aval del gobierno de los Estados Unidos, lo que no es visto con buenos ojos por Israel. La bancada republicana, en el Congreso de los Estados Unidos, igualmente se encuentra dividida en el apoyo al gobierno ucraniano, debido precisamente a estos antecedentes. En octubre del 2019, 40 integrantes del Congreso norteamericano solicitaron a Mike Pompeo, Secretario de Estado en aquel entonces, que incluyera al Batallón Azov en el listados de organizaciones terroristas. Putin ahora usa esta filiación neonazi del régimen ucraniano a su favor, pero es obvio que lo que busca es asegurar sus intereses en Crimea y evitar la incorporación de Ucrania a la OTAN, que es lo que pretenden los Estados Unidos, en abierta violación del acuerdo que dio lugar a la reunificación alemana, en 1989, de acuerdo con el cual las ex repúblicas soviéticas deberían permanecer fuera de la OTAN, independientemente de que pasen a formar parte de la Unión Europea.

Dejo aquí los artículos de ‘Publico.es’ y ‘La Jornada’, que dan cuenta del origen neonazi del régimen ucraniano:

MIQUEL RAMOS – EL POLVORÍN NEONAZI EN UCRANIA

«La proliferación de la ideología nacionalista blanca en las fuerzas militares y de seguridad de Ucrania, entrenadas y apoyadas por Occidente, es un tema poco estudiado», afirmaba esta semana desde Washington el periodista de investigación Oleksiy Kuzmenko. La revista norteamericana Newsweek, nada sospechosa de simpatizar con Rusia, dedicaba estos días un amplio reportaje en el que ahondaba en lo que Kuzmenko alertaba y los peligros que suponía para la propia seguridad de los EEUU: «Un año después del asalto al Capitolio, la guerra de Ucrania atrae a la extrema derecha de EEUU a luchar contra Rusia y entrenar para la violencia en casa», se titulaba el reportaje firmado por Tom O’Connor y Naveed Jamali.

Más allá de los análisis geopolíticos que tratan de explicar la escalada de tensión entre Rusia y Occidente en la frontera ucraniana, quienes venimos estudiando a la extrema derecha hace años, seguimos de cerca los sucesos que se desarrollan en este escenario. Huyendo del maniqueísmo y tratando de poner el foco en nuestro objeto de estudio, hemos alertado sobre el polvorín que se está gestando en Ucrania, cuyos análisis habituales sobre el conflicto a menudo obvian o pasan de puntillas.

Ya lo alertó hasta la BBC en 2014 durante las protestas del Maidan, cuando el periodista británico Gabriel Gatehouse entrevistó a varios neonazis que estaban en primera línea de combate contra las fuerzas de seguridad ucranianas, antes de que se consumara el golpe, y cómo, posteriormente, el nuevo gobierno apoyado por Occidente reforzó sus lazos con varios de estos grupos de extrema derecha.

«Desde la revuelta de Maidan de 2014, el gobierno, el ejército y las fuerzas de seguridad han institucionalizado en sus filas antiguas milicias y batallones de voluntarios vinculados a la ideología neonazi», declaraba recientemente Kuzmenko a Newsweek, citando como ejemplo el Destacamento de Operaciones Especiales Azov, que fue establecido por el Ministerio del Interior de Ucrania en 2014, y transferido posteriormente a la Guardia Nacional.

Ocho años después, mientras los enfrentamientos en la región del Donbass no han cesado, y a las puertas de un posible enfrentamiento entre Rusia y Ucrania con la OTAN de por medio, no todos los norteamericanos expertos en geopolítica han cerrado filas con su gobierno. Menos aún cuando la amenaza de la violencia y el terrorismo de la extrema derecha es considerada ya la principal amenaza interna del país.

No son pocos los grupos y activistas neonazis europeos y norteamericanos (también españoles) que han visitado Ucrania estos últimos años para hacer contactos o recibir entrenamiento paramilitar. Algunos incluso participaron en la guerra del Donbass, insertados mayormente en el bando ucraniano, aunque en las filas contrarias también se detectó algún que otro neonazi o ultraderechista, sobre todo de origen ruso. Dentro de la extrema derecha también existe un sector más cercano a las tesis euroasianistas de Aleksandr Dugin, o que creen que la alianza con Rusia sería mejor que con los nacionalistas ucranianos, que tienen detrás a la OTAN y a los gobiernos de sus propios países. Aunque este sector es minoritario, no se puede obviar que existe.

De hecho, el propio Dugin ha sido invitado por neofascistas españoles a dar charlas en nuestro país en más de una ocasión. En el informe que publicó recientemente la Fundación Rosa Luxemburgo sobre la derecha radical en el Estado español, se dedicaba un capítulo a analizar los contactos de los neofascistas españoles con sus homólogos ucranianos y rusos. Intentar enmarcar este conflicto en el eje izquierda-derecha, no solo es complicado, sino a veces imposible.

Más allá de las responsabilidades del gobierno ucraniano por haber institucionalizado a las milicias ultraderechistas, no podemos obviar que tanto la UE como la OTAN no solo lo saben, sino que han participado activamente de su formación. Kuzmenko ya alertó en 2018 que la Academia Europea de Seguridad (ESA), una empresa con sede en la UE que ofrece programas de capacitación avanzada para profesionales de la seguridad, las fuerzas del orden y militares, había entrenado a miembros de Azov y a activistas neonazis vinculados a ataques o acoso a romaníes ucranianos, personas LGBT y activistas de derechos humanos, como Tradición y Orden, El Cuerpo Nacional y La Milicia Nacional.

Hace justo un año, una investigación de la televisión pública catalana desvelaba la presencia en Catalunya de un grupo con sede en Rusia conectado con el mundo de las artes marciales mixtas (MMA) sólo para personas blancas y organizaciones paramilitares establecidas en Ucrania: el Programa de Entrenamiento Padre Navidad (PPDM en sus siglas en ruso). Como vemos, los ecos del Este hace tiempo que llegan a nuestro país, aunque poca gente le preste la atención que debería tener.

Recientemente, en septiembre de 2021, el Institute for European, Russian and Eurasian Studies (IERES) de la George Washington University, publicaba un informe titulado Grupo de extrema derecha hizo su hogar en el principal centro de entrenamiento militar occidental de Ucrania en el que se demostraba cómo la Academia Nacional del Ejército, la principal institución de educación militar de Ucrania y un importante centro para la asistencia militar occidental al país, ha sido el hogar de Centuria, una autodenominada orden de Oficiales militares «tradicionalistas europeos» que tienen los objetivos declarados de remodelar las fuerzas armadas del país según líneas ideológicas de derecha y defender la «identidad cultural y étnica» de los pueblos europeos contra los «políticos y burócratas de Bruselas».

No se debe obviar la impunidad y las complicidades de los grupos ultraderechistas en este conflicto, pues su repercusión, tal y como alertan ya expertos en terrorismo, incluso desde los propios Estados Unidos, acabará algún día por salpicarnos más allá del conflicto entre la OTAN y Ucrania con Rusia. Los neonazis que hoy ven allí una oportunidad para entrenarse y actuar podrán hacerlo algún día en nuestros respectivos países, como ya lo han hecho los yihadistas que han participado en las guerras de Siria o Irak. «Si no se controla, puede afectar a otros países al proporcionar un espacio y permitir el crecimiento de conexiones con personas y grupos de ideas afines. (…) Los servicios de seguridad occidentales deberían tomarse muy en serio a la extrema derecha en este momento, por ejemplo, en relación con la posible infiltración de dichos elementos en ellos», alertan también Alex MacKenzie y Christian Kaurnet desde el Departamento de Políticas de la Universidad de Liverpool y el Centro Internacional de Vigilancia y Seguridad, de la Universidad de South Wales, respectivamente.

Esto no se trata ya de posicionarse con uno u otro bando en este conflicto, sino de procurar por nuestra propia seguridad y nuestras propias amenazas internas, sobre todo cuando el terrorismo de extrema derecha no se ha tomado nunca en serio en España. Los avisos no son pocos, y la relación de nuestros neonazis con los grupos paramilitares ucranianos son sobradamente conocidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y los servicios de inteligencia. Ya en 2017, el periodista Joan Cantarero publicó una noticia en Público sobre el ofrecimiento de un grupo de paramilitares ultraderechistas ucranianos para defender la unidad de España ante el auge del independentismo y el referéndum del 1 de octubre.

Las guerras no son nunca la mejor opción, y hay que abogar siempre por otras vías de resolución de conflictos. Este conflicto, como todos, tiene numerosas lecturas, pero a quienes nos dedicamos a estudiar a la extrema derecha, este escenario nos obliga a advertir de lo que está sucediendo más allá de los despachos y de los movimientos de tropas a uno y otro lado de aquella no tan lejana frontera.

Fuente: Publico.es (24 / 01 / 2022)

BATALLÓN AZOV. LA EXTREMA DERECHA NAZI TRAS ZELENSKY

La fotografía que encabeza esta nota es de uno de los destacamentos del Batallón Azov, fuerza paramilitar integrada mayoritariamente por militantes de las organizaciones de extrema derecha ucrania como Pravy Sector y Svoboda, movimientos que fueron protagonistas del derrocamiento del gobierno de Viktor Yanukovich a inicios de 2014, y que en los años posteriores han llegado a ser incorporados como dependientes del Ministerio de Asuntos Interiores del país, y cuentan con importantes redes financieras ucranias e internacionales, entre otras, vaya paradoja, la del magnate judío Ihor Kolomoisky. Son parte de las fuerzas paramilitares y militares que combaten contra las milicias en el este de Ucrania, levantadas en aquella parte del país notoriamente más inclinada a una alianza con la Federación Rusa y no con la Unión Europea, y que resisten ante la avanzada de una extrema derecha que no ha hecho sino crecer en la parte occidental del país y Kiev, la capital, donde se hizo conocida como “Euromaidán” la insurrección y derrocamiento de 2014, motivado precisamente por la suspensión que había hecho el gobierno de Yanukovich del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Ucrania.

Para entender la situación en Ucrania lo primero es despejar ciertas dudas y desconocimientos bastante generalizados sobre cuestiones básicas de la historia de ese país. Lo primero: la historia de Ucrania ha estado por más de un siglo fuertemente tensionada por su ubicación geográfica entre Rusia y Europa. Eso la hizo estar en medio de los conflictos bélicos de altísima intensidad que se inician con la Primera Guerra Mundial, continúan luego con la guerra civil rusa posterior a la revolución bolchevique, y se proyectan en la avanzada fascista y nazi y la Segunda Guerra Mundial después.

Tal contexto explica algo difícil de entender sin aquel elemento: lo que se conoce como “nacionalismo ucranio” está marcado por el influjo fascista y nazi que se levantó en Europa del Este por parte de los sectores más conservadores y reaccionarios de las sociedades de la región, contra la revolución rusa y las organizaciones y movimientos de izquierdas de esos años. De ahí que las fuerzas que respaldan al gobierno de Volodymir Zelensky (iniciado en 2019), siguiendo los pasos y alianzas del predecesor Petró Poroshenko (2014-2019), declararon como día de conmemoración oficial del nacionalismo ucranio el día del cumpleaños de Stepán Bandera, el líder nacionalista que batalló contra la URSS y colaboró con los nazis a mediados del siglo pasado.

Las complicidades que han tenido los gobiernos occidentales con el gobierno ucranio, tan inclinado hacia una extrema derecha de características notoriamente fascistas y pronazis, ha encendido alarmas hace años, pero como suele ocurrir cuando hay intereses económicos y geopolíticos en juego, han sido en general acalladas u omitidas por la prensa privada dominante en Occidente. De hecho, como se ha denunciado en numerosas ocasiones, el famoso documental Winter on Fire, ampliamente divulgado vía Netflix, prácticamente no hace mención a este componente esencial de la asonada de desestabilización y derrocamiento del gobierno ucranio en 2014, siendo que éste fue protagonizado por milicias de un componente fascista y neonazi, que es notorio y explícito.

Las simbologías no están de más, y lo mencionado sobre Stepán Bandera no es lo único. El escudo del Batallón Azov consta de una runa wolfsangel estilizada, y detrás de ella, un sol negro, ambos símbolos profusamente utilizados en la Alemania nazi, entre otros, por divisiones enteras de las SS o Waffen SS, el cuerpo de élite del Ejército de Hitler.

Es por eso que a nadie le debiera extrañar que en las sucesivas votaciones que ha habido en la Asamblea General de la ONU de una resolución contra la glorificación del nazismo y otras formas de discursos de odio racial, los votos en contra han sido de Estados Unidos y de Ucrania, con la abstención de los gobiernos de la Unión Europea y el voto a favor de una amplia mayoría de países.

Las simpatías nazis del gobierno ucranio han provocado incluso la protesta del estrecho aliado del gobierno de Estados Unidos, el Estado de Israel. El embajador israelí en Ucrania, Joel Lion, ha formulado varias declaraciones y publicado en sus redes sociales el rechazo a la glorificación del nazismo por parte de la extrema derecha ucrania.

Los lazos y trabajo internacional de esta extrema derecha fascista, constituida como grupo paramilitar con reconocimiento oficial del Estado ucranio, han sido destacados en numerosas notas de prensa incluso en Europa y Estados Unidos, cuyos gobiernos impulsan una política exterior que utiliza al gobierno ucranio como punta de lanza de una arremetida geopolítica de la OTAN hacia territorios aledaños a Rusia, intentando presentar a Rusia como un potencial “invasor” de Ucrania, en un contexto en que en el Este del país y en la península de Crimea, hay una significativa mayoría de habitantes rusoparlantes, con lazos históricos y culturales con Rusia, y que rechazan la deriva extremoderechista del gobierno de Kiev.

Las pruebas sobran. Una nota reciente del medio estadunidense Newsweek reconocía expresamente las relaciones y el perfil de estos grupos que en la práctica funcionan como aliados de la OTAN contra Rusia: “Un año después del 1/6, la guerra de Ucrania atrae a la extrema derecha estadunidense para luchar contra Rusia y entrenarse para la violencia en casa», haciendo referencia a los lazos con la extrema derecha estadunidense y el asalto al Capitolio en Washington a inicios del año pasado.

El medio español Publico.es reconocía hace unos días (“El polvorín neonazi en Ucrania”): “Desde la revuelta de Maidán de 2014, el gobierno, el ejército y las fuerzas de seguridad han institucionalizado en sus filas antiguas milicias y batallones de voluntarios vinculados a la ideología neonazi”, declaraba recientemente Kuzmenko a Newsweek, citando como ejemplo el Destacamento de Operaciones Especiales Azov, que fue establecido por el Ministerio del Interior de Ucrania en 2014, y transferido posteriormente a la Guardia Nacional (…) Ocho años después, mientras los enfrentamientos en la región del Donbás no han cesado, y a las puertas de un posible enfrentamiento entre Rusia y Ucrania con la OTAN de por medio, no todos los norteamericanos expertos en geopolítica han cerrado filas con su gobierno. Menos aún cuando la amenaza de la violencia y el terrorismo de la extrema derecha es considerada ya la principal amenaza interna del país. No son pocos los grupos y activistas neonazis europeos y norteamericanos (también españoles) que han visitado Ucrania estos últimos años para hacer contactos o recibir entrenamiento paramilitar”.

Sin embargo, los gobiernos de Estados Unidos y el resto de integrantes de la OTAN siguen haciendo caso omiso de todo aquello, y los medios alineados con su geopolítica vienen intensificando un conjunto de medidas económicas y militares en Ucrania y las zonas aledañas, como el estratégico Mar Negro, para reforzar la posición del gobierno de Ucrania y debilitar y asediar a las poblaciones prorrusas en Crimea y el Este de Ucrania, y también, directamente, a la Federación Rusa, cuya seguridad territorial se ve fuertemente amenazada con la posible entrada del gobierno ucraniano al pacto político-militar de la OTAN.

Fuente: La Jornada (25 / 02 / 2022)