Tomado de: Noticias SER.PE

¿Se ha difuminado la generación del Bicentenario? Por Carlos Reyna. Sociólogo

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Foto: © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Hace exactamente un año las avenidas céntricas de Lima y las ciudades más grandes del Perú habían sido recuperadas por los verdaderos dueños del país. Eran decenas de miles de jóvenes, quizás más de cien mil o aún más en todas esas ciudades. Sus voces estremecían los muros de esas calles, se imponían sobre el sonido de las bombas lacrimógenas. Miles de policías formaban barreras para impedir que llegaran hasta las sedes del poder. En Lima, a duras penas bloqueaban la avenida que llevaba hasta el Congreso.

La más grande protesta desde los Cuatro Suyos

Desde otras decenas de miles de casas, desde sus ventanas, familias enteras hacían sonar sus cacerolas con el corazón inflamado. La televisión les mostraba la batalla urbana que se había desencadenado en el país. Si no salieron a las calles era por la Pandemia, que aún se ensañaba con los adultos mayores, pero veían y escuchaban como la protesta era respondida por la policía con lacrimógenas y perdigones disparados al cuerpo. Policías no identificados cazaban a chicos y chicas para llevárselos sin destino conocido. Decenas de jóvenes médicos formaron brigadas voluntarias para auxiliar a los heridos. Varios de ellos, así como varios periodistas, también fueron impactados por esos proyectiles.

Cinco días antes, el lunes 9, como sabemos, el Congreso había decidido destituir de su cargo al Presidente Vizcarra por vía de la vacancia. Esa misma noche ya hubo algunos cientos de jóvenes en las calles. En las noches siguientes, fueron más y más hasta hacerse incontables. No salieron para defender a Vizcarra. No era un santo ni de lejos. Tenía y aún tiene que responder por actos de una cierta turbiedad. Salieron porque había una característica común entre las principales bancadas que orquestaron la vacancia: tenían a visibles corruptos y oportunistas en sus filas. Vizcarra era un principiante a su lado.

Las bancadas vacadoras de entonces

Entre esas bancadas estaban Alianza Para el Progreso, Podemos, Unión Por el Perú, Fuerza Popular y Acción Popular. Esta última se frotaba las manos porque el que iba a ser Presidente por unos 8 meses era el acciopopulista Manuel Merino. Esos grupos sumaron 75 votos, solo necesitaban dos más y lograban su objetivo. A ellos se sumaron FREPAP, Somos Perú, Frente Amplio y los No Agrupados y llegaron hasta los 105.

Tan visible era todo esto que días antes de la destitución, una encuesta de IPSOS informó que un 78 % de peruanos opinaba contra ella. Después de esa votación, la misma encuestadora reportó que ese rechazo subió hasta el 90 %, cuya opinión iba desde que era cuestionable hasta considerarla un golpe de Estado. Esas noches, las y los jóvenes personificaron a la nación mil veces mejor que todos los Congresos de los que se tenga memoria.

La responsabilidad de Manuel Merino y los mandos policiales

Una gran parte de ellas y ellos eran muy jóvenes. Incluso adolescentes, para los cuales las calles del centro les eran desconocidas o era la primera vez que salían a protestar. En los breves textos que iban en sus pancartas había una mezcla de humor, osadía y sentido de justicia. La policía reprimió con un nivel de brutalidad impresionante desde las primeras noches, pero lo peor ocurrió la noche del 14. Sus proyectiles ocasionaron la muerte de los jóvenes Brian Pintado e Inti Sotelo y unos 90 heridos graves.

Antes de eso, Manuel Merino, Presidente desde el martes 10, sus ministros y las bancadas vacadoras sabían lo que estaba pasando. Hubo pedidos para frenar e investigar esa brutalidad. No solo no hicieron nada por frenar la violencia policial sino que fueron a felicitar a la policía. Con ese respaldo es que ocurrió lo del 14.

Merino derribado

A la mañana siguiente Merino intentó que las fuerzas armadas participaran en la represión a las protestas. Pero era tan claro que su actuación, la de los ministros responsables y los mandos policiales lindaban con una actuación criminal que entre la medianoche y la mañana del domingo hubo varias renuncias de otros ministros y ministras. El gabinete conducido por Antero Flores Araoz quedó diezmado en pocas horas. Los mandos militares no asistieron a una cita que les hicieron desde Palacio de Gobierno. Esa misma mañana varias instituciones, incluido el Congreso, pidieron la renuncia de Merino. Hacia el mediodía. Aislado, repudiado, advertido de que la furia ciudadana iba a ser mucho más intensa, Merino renunció hacia el mediodía.

Con un gran costo en vidas y en heridos graves, las protestas derribaron al gobierno de Merino apenas a los cinco días y medios de haber asumido. Las encuestas reportaron que durante esos pocos días unos tres millones de peruanos habían participado en las movilizaciones de distintas maneras. Pese a la magnitud del costo humano, la dimensión de una protesta tan nítidamente democrática pareció anunciar el inicio de un período favorable para el reverdecimiento de la democracia peruana. Parecía que en las cercanas elecciones generales, cuya campaña comenzó solo dos meses después, los cientos de colectivos de los jóvenes de la llamada «generación del Bicentenario» podría ser gravitante para ello. No fue así. Unas dos semanas después de aquel 14 de noviembre, ya con Francisco Sagasti como Presidente, comenzaron las protestas y bloqueos de las carreteras por los trabajadores de empresas agroindustriales sometidos a un régimen de trabajo muy abusivo. Volvió a haber muertos por disparos realizados por policías contra los manifestantes. Hubo algunas protestas de solidaridad con ellos pero a un nivel bastante más focalizado y reducido.

¿Se difuminó la generación del Bicentenario?

En las elecciones de abril de este año, casi todos los partidos cuyas bancadas provocaron las enormes protestas de hace un año, volvieron a estar entre las de mayor cantidad de representantes ante el actual Congreso: Fuerza Popular, Acción Popular, Alianza para el Progreso y Podemos. A estas se sumaron las bancadas de otros partidos de poca calidad democrática como las de Renovación Popular y Avanza País. Tampoco es mucha la vocación democrática de la facción cerronista de Perú Libre ni del propio Presidente Castillo. Dos de los partidos que más apoyaron a las luchas de los jóvenes, Nuevo Perú y Partido Morado, obtuvieron muy pocos congresistas.

Un año después ¿se ha difuminado la generación del Bicentenario? No lo creo. Posiblemente subestimamos el impacto traumático de la violencia policial de hace un año sobre los jóvenes y los colectivos que marcharon esos días. Quizás hubo muy poco tiempo para que se redujeran las barreras para la participación política o la desconfianza con los partidos que apoyaron sus protestas. De pronto estos últimos no encontraron mejores formas de interactuar con ellos. O la propia campaña electoral última, especialmente en la segunda vuelta, y los debates de este Congreso de ahora han sido y son de tal virulencia que los aleja. Incluso el tema de la vacancia presidencial ha vuelto a instalarse en este Congreso desde que comenzó sus funciones.

Aún con todo eso, un acontecimiento de la intensidad, la amplitud y las expresiones simbólicas del pasado noviembre de 2020, nunca se borra de la memoria de la generación que lo protagoniza ni de los que la apoyaron. Ayer mismo una manifestación de jóvenes volvió a salir para demandar la sanción a los responsables directos de los crímenes de entonces. Este país entrega todo el tiempo grandes razones para la protesta social y la participación política. En cualquier momento recargaran su ánimo para retomarlas y lo que hicieron no será algo que se lleve el viento sino una poderosa fuente de inspiración.

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